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Escrito: En junio-julio de 1905. |
| PROLOGO |
I |
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1. |
UNA CUESTION POLITICA URGENTE | 1 |
2. |
¿QUE NOS DA LA RESOLUCION DEL III CONGRESO DEL P.O.S.D.R. SOBRE EL GOBIERNO PROVISIONAL REVOLUCIONARIO? |
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3. |
¿QUE ES LA "VICTORIA DECISIVA DE LA REVOLUCION SOBRE EL ZARISMO"? |
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4. |
LA LIQUIDACION DEL REGIMEN MONARQUICO Y LA REPUBLICA |
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5. |
¿COMO HAY QUE "IMPULSAR LA REVOLUCION HACIA ADELANTE"? |
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6. |
¿DE QUE LADO AMENAZA AL PROLETARIADO EL PELIGRO DE VERSE CON LAS MANOS ATADAS EN LA LUCHA CONTRA LA BURGUESIA INCONSECUENTE? |
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7. |
LA TACTICA DE LA "ELIMINACION DE LOS CONSERVADORES DEL GOBIERNO" |
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8. |
LA TENDENCIA DE OSVOBOZHDENIE Y EL NEOISKRISMO | 60 |
9. |
¿QUE SIGNIFICA SER EL PARTIDO DE LA OPOSICION EXTREMA DURANTE LA REVOLUCION? |
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10. |
LAS "COMUNAS REVOLUCIONARIAS" Y LA DICTADURA REVOLUCIONARIO-DEMOCRATICA DEL PROLETARIADO Y DE LOS CAMPESINOS |
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11. |
BREVE COMPARACION DE ALGUNAS RESOLUCIONES DEL III CONGRESO DEL P.O.S.D.R. Y DE LA "CONFERENCIA" |
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12. |
¿SERA MENOR LA ENVERGADURA DE LA REVOLUCION DEMOCRATICA SI LA BURGUESIA LE VUELVE LA ESPALDA? |
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13. |
CONCLUSION. ¿NOS ATREVEREMOS A VENCER? | 109 |
| EPILOGO. OTRA VEZ LA TENDENCIA DE OSVOBOZHDENIE, OTRA VEZ EL NEOISKRISMO |
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I. |
¿Por que elogian los realistas liberal-burgueses a los "realistas" socialdemócratas? |
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II. |
Nueva "profundización" del problema por el camarada Martínov |
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III. |
La vulgar exposición burguesa de la dictadura y el concepto de Marx sobre ella |
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| NOTAS | 157 |
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pág. I
En los momentos revolucionarios, es muy difícil llegar a alcanzar los acontecimientos, que suministran una cantidad prodigiosa de nuevo material para apreciar las consignas tácticas de los partidos revolucionarios. Este folleto fue escrito antes de los acontecimientos de Odesa[*]. Hemos indicado ya en Proletari [2] (número 9, "La revolución enseña)[**] que dichos acontecimientos han obligado, incluso a aquellos socialdemócratas que crearon la teoría de la insurrección proceso y negaban la propaganda en favor del gobierno provisional revolucionario, a pasar o empezar a pasar de hecho al lado de sus contrincantes. La revolución enseña, indudablemente, con tal rapidez y tal profundidad, que parecen increíbles en los períodos pacíficos de desarrollo político. Y, lo que es particularmente importante, enseña no sólo a los dirigentes, sino también a las masas.
No cabe la menor duda de que la revolución enseñará el socialdemocratismo a las masas obreras de Rusia. La revolución confirmará en la práctica el programa y la táctica de la socialdemocracia, mostrando la verdadera naturaleza de las distintas clases sociales, mostrando el carácter burgués de nuestra democracia y las aspiraciones verdaderas de los
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Se refiere a la sublevación del acorazado "Príncipe Potemkin". (Nota de Lenin para la edición de 1907. N. de la Red.)pág. II
campesinos, revolucionarios en el sentido democraticoburgués, pero que llevan latente en sí no la idea de la "socialización", sino una nueva lucha de clases entre la burguesía campesina y el proletariado rural. Las viejas ilusiones del viejo populismo, que se transparentan de un modo tan claro, por ejemplo, en el proyecto de programa del "partido de los socialrevolucionarios", en la cuestión del desarrollo del capitalismo en Rusia, en la cuestión de democratismo de nuestra "sociedad", en la cuestión de la significación de la victoria completa de la insurrección campesina, todas estas ilusiones serán disipadas implacable y definitivamente por la revolución. Esta dará por vez primera el bautismo político auténtico a las distintas clases. Estas clases saldrán de la revolución con una fisonomía política definida, mostrándose tal como son no sólo en los programas y en las consignas tácticas de sus ideólogos, sino también en la acción política abierta de las masas.
Es indudable que la revolución nos aleccionará, que aleccionará a las masas populares. Pero la cuestión, para el partido político en lucha, consiste ahora en saber si sabremos enseñar algo a la revolución, si sabremos aprovecharnos de lo justo de nuestra doctrina socialdemócrata, de nuestra ligazón con el proletariado, la única clase consecuentemente revolucionaria, para imprimir a la revolución un sello proletario, para llevar la revolución hasta la verdadera victoria, decisiva, efectiva, y no verbal, para paralizar la inconsistencia, la ambigüedad y la traición de la burguesía democrática.
Hacia este fin debemos dirigir todos nuestros esfuerzos. El conseguirlo depende, por una parte, del acierto con que valoremos la situación política, de que sean justas nuestras consignas tácticas, y, por otra parte, de que dichas consignas
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estén sostenidas por la fuerza combativa real de las masas obreras Toda la labor habitual, regular, corriente de todas las organizaciones y grupos de nuestro Partido, la labor de propaganda, agitación y organización está orientada para fortalecer y ensanchar la ligazón con la masa. Esta labor es siempre necesaria, pero en los momentos revolucionarios menos que nunca puede ser considerada como suficiente. En dichos momentos, la clase obrera se siente instintivamente impulsada hacia la acción revolucionaria abierta, y nosotros debemos saber plantear acertadamente las tareas de dicha acción, con el fin de difundirlas después del modo más vasto posible y de hacer que sean comprendidas. No hay que olvidar que el pesimismo corriente sobre nuestro contacto con la masa encubre ahora con una frecuencia particular las ideas burguesas relativas al papel del proletariado en la revolución. Es indudable que tenemos que trabajar todavía muchísimo en la educación y organización de la clase obrera, pero, actualmente, toda la cuestión consiste en saber dónde debe residir el centro de gravedad político principal de dicha educación y de dicha organización: ¿en los sindicatos y en las asociaciones legales o en la insurrección armada, en la obra de creación de un ejército revolucionario y de un gobierno revolucionario? La clase obrera se educa y se organiza tanto en lo uno como en lo otro, Tanto lo uno como lo otro, naturalmente, es necesario. Toda la cuestión ahora, en la revolución actual, se reduce, sin embargo, a saber dónde residirá el centro de gravedad de la educación y de la organización de la clase obrera: si en lo primero o en lo segundo.
El desenlace de la revolución depende del papel que desempeñe en ella la clase obrera: de que se limite a ser un
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mero auxiliar de la burguesía, aunque sea un auxiliar poderoso por la intensidad de su empuje contra la autocracia, pero políticamente impotente, o de que asuma el papel de dirigente de la revolución popular. Los representantes conscientes de la burguesía se dan perfecta cuenta de ello. Por esto es por lo que Osvobozhdenie [3] ensalza el akimovismo, el "economismo" en la socialdemocracia, el cual coloca actualmente en el primer plano los sindicatos y las asociaciones legales. Por esto es por lo que el señor Struve celebra (número 72 de Osvobozhdenie ) las tendencias de principio del akimovismo en el neoiskrismo, Por esto es por lo que arremete contra la odiada estrechez revolucionaria de las resoluciones del III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia.
Las acertadas consignas tácticas de la socialdemocracia tienen ahora una importancia particular para la dirección de las masas. No hay nada más peligroso que rebajar en las épocas revolucionarias la importancia de las consignas tácticas estrictamente conformes a los principios. Por ejemplo, Iskra [4], en el número 104, se pasa de hecho al lado de sus contrincantes en la socialdemocracia, pero, al mismo tiempo, habla con desdén de la significación de las consignas y resoluciones tácticas que se adelantan a la realidad, que indican el camino por el que avanza el movimiento con una serie de reveses, errores, etc. Por el contrario, la elaboración de resoluciones tácticas acertadas tiene una importancia gigantesca para el partido, que quiere dirigir al proletariado en el espíritu de los firmes principios del marxismo y no únicamente arrastrarse a la cola de los acontecimientos. En las resoluciones del III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y de la Conferencia de los elementos
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disidentes del Partido[*], tenemos la expresión más exacta, más meditada, más completa de las concepciones tácticas, no manifestadas de un modo casual por algunos escritores, sino aprobadas por los representantes responsables del proletariado socialdemócrata. Nuestro Partido marcha al frente de todos los demás, con un programa preciso y aceptado por todos. El Partido debe dar ejemplo a los demás partidos, en lo que se refiere a la severidad de la actitud con respecto a sus resoluciones tácticas, en oposición al oportunismo de la burguesía democrática de Osvobozhdenie y de la fraseología revolucionaria de los socialrevolucionarios, los cuales sólo durante la revolución se han acordado de presentar un "proyecto" de programa y de ocuparse por primera vez de la cuestión de saber si la revolución que se desarrolla ante sus ojos es burguesa.
He aquí por qué consideramos como la obra más urgente de la socialdemocracia revolucionaria el estudio detenido de las resoluciones tácticas del III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y de la Conferencia, el fijar las desviaciones que se advierten en las mismas de los principios del marxismo, el comprender claramente las tareas concretas del proletariado socialdemócrata en la revolución democrática. A esta labor precisamente está consagrado el presente folleto. La comprobación de nuestra táctica desde el punto de vista de los principios del marxismo y de las
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En el III Congreso del P.O.S.D.R. (celebrado en Londres, en mayo de 1905), sólo participaron los bolcheviques. En la "Conferencia" (celebrada en Ginebra en el mismo mes), sólo participaron mencheviques, a los que a menudo se les denomina en el presente folleto "neoiskristas", porque, al seguir publicando Iskra, manifestaron por boca de Trotski, su correligionario entonces, que entre la vieja Iskra y la nueva mediaba un abismo. (Nota de Lenin para la edición de 1907. N. de la Red.)pág. VI
enseñanzas de la revolución, es necesaria también para todo aquel que quiera preparar realmente la unidad de táctica como base de la futura unificación completa de todo el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y no limitarse únicamente a decir palabras de exhortación.
N. Lenin
Julio de 1905.
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1. UNA CUESTION POLITICA URGENTE
En los momentos revolucionarios por que estamos atravesando, está a la orden del día la cuestión de la convocatoria de una Asamblea Constituyente de todo el pueblo. Las opiniones divergen cuando se trata de determinar cómo hay que resolver dicha cuestión. Se manifiestan tres tendencias políticas El gobierno zarista admite la necesidad de la convocatoria de los representantes populares, pero no desea de ningún modo permitir que esa asamblea sea de todo el pueblo y constituyente. Parece ser que se muestra de acuerdo, si se puede dar crédito a las noticias de la prensa sobre la labor de la Comisión Bulyguin[5], con una Asamblea Consultiva, elegida sin libertad de agitación y de acuerdo con un sistema electoral estrechamente censatario o estrechamente corporativo. El proletariado revolucionario, por cuanto está dirigido por la socialdemocracia, exige el paso completo del Poder a la Asamblea Constituyente, tratando de conseguir con este fin no sólo el sufragio universal y no sólo la completa libertad de agitación, sino, además, el derrocamiento inmediato del gobierno zarista y la sustitución del mismo por un gobierno provisional revolucionario. Finalmente, la burguesía liberal, que expresa sus deseos por boca de los jefes del llamado "partido constitucional demócrata"[6], no exige el derrocamiento del gobierno zarista, no propugna la consigna de gobierno provisional, no insiste en las garantías reales para que las elecciones sean completamente libres y justas, para que la asamblea de los repre-
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sentantes pueda ser efectivamente de todo el pueblo y efectivamente constituyente. En el fondo, la burguesía liberal, la única que constituye el apoyo social serio de la tendencia de Osvobozhdenie, trata de conseguir una transacción, lo más pacífica posible, entre el zar y el pueblo revolucionario, una transacción tal, además, que deje la mayor parte posible del Poder en sus manos, en las de la burguesía, y la parte menos considerable al pueblo revolucionario, al proletariado y a los campesinos.
Tal es la situación política en el momento actual. Tales son las tres tendencias políticas principales, correspondientes a las tres fuerzas sociales principales de la Rusia presente. Hemos hablado ya más de una vez en Proletari (números 3, 4 y 5)* de cómo los seguidores de Osvobozhdenie cubren con frases seudodemocráticas su política ambigua, es decir, hablando de un modo más directo y simple, de felonía, de traición a la revolución. Veamos ahora cómo conciben los socialdemócratas las tareas del momento Constituyen en este sentido un material excelente las dos resoluciones adoptadas recientemente por el III Congreso del P.O.S.D.R. y por la "Conferencia" de los disidentes del Partido. La cuestión de saber cuál de estas resoluciones tiene en cuenta de un modo más acertado el momento político y define de un modo más acertado la táctica del proletariado revolucionario, tiene una importancia enorme, y todo socialdemócrata que desee cumplir conscientemente sus deberes de propagandista, agitador y organizador, debe orientarse con toda atención en este problema, dando completamente de lado las consideraciones que no atañen a la esencia de la cuestión.
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Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VIII. (N. de la Red.)pág. 3
Se entiende por táctica del Partido su conducta política, o el carácter, la orientación y los procedimientos de su actuación política. El Congreso del Partido toma resoluciones tácticas para definir de un modo preciso la conducta política del Partido en su conjunto, en relación con las nuevas tareas o en vista de una nueva situación política. Una nueva situación de esta naturaleza ha sido creada por la revolución iniciada en Rusia, es decir, por la divergencia completa, decidida y abierta entre la inmensa mayoría del pueblo y el gobierno zarista. El nuevo problema consiste en saber cuáles son los procedimientos prácticos a emplearse para la convocatoria de una Asamblea realmente popular y realmente constituyente (desde el punto de vista teórico, la cuestión de una tal Asamblea ha sido ya oficialmente resuelta hace mucho tiempo y con anterioridad a todos los demás partidos, por la socialdemocracia, en su programa de partido). Si el pueblo se ha divorciado del gobierno y la masa ha adquirido conciencia de la necesidad de establecer un nuevo orden de cosas, un partido que se ha impuesto como fin derribar al gobierno debe necesariamente pensar con qué gobierno reemplazará al antiguo, al que haya sido derribado. Surge el nuevo problema sobre el gobierno provisional revolucionario. Para resolverlo plenamente el Partido del proletariado consciente debe dilucidar: primero, la significación del gobierno provisional revolucionario en la revolución que se está desarrollando y en toda la lucha del proletariado en general; segundo, su actitud frente al gobierno provisional revolucionario; tercero, las condiciones precisas de la participación de la socialdemocracia en este gobierno; cuarto, las condiciones de la presión sobre dicho gobierno desde abajo, es decir, en el caso de que no participe en el mismo la social-
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democracia. Sólo dilucidando todas estas cuestiones, la conducta política del Partido en este sentido será una actitud de principio, dura y firme.
Veamos, pues, cómo soluciona estas cuestiones la resolución del III Congreso del P.O.S.D.R. He aquí el texto completo:
"Resolución sobre el gobierno provisional revolucionario.
Considerando:
1) que, tanto los intereses inmediatos del proletariado como los intereses de su lucha por los objetivos finales del socialismo, exigen la libertad política más completa posible, y, por consiguiente, la sustitución de la forma de gobierno autocrática por la república democrática;
2) que la realización de la república democrática en Rusia es posible únicamente como resultado de la insurrección popular victoriosa, cuyo órgano será el gobierno provisional revolucionario, único capaz de garantizar una libertad completa de agitación electoral y convocar, a base del sufragio universal, igual, directo y secreto, una Asamblea Constituyente que exprese efectivamente la voluntad del pueblo;
3) que esta revolución democrática en Rusia, dado el régimen social y económico actual, no debilitará, sino que fortalecerá la dominación de la burguesía, la cual intentará inevitablemente, en un momento determinado, sin detenerse ante nada, arrebatar al proletariado de Rusia la mayor parte posible de las conquistas del período revolucionario,
el III Congreso del P O.S.D.R. acuerda:
a) es necesario difundir entre la clase obrera una idea concreta sobre la marcha más probable de la revolución y sobre la necesidad de la aparición, en un momento determinado de la misma, de un gobierno provisional revolucio-
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nario, del cual el proletariado exigirá la realización de todas las reivindicaciones políticas y económicas inmediatas de nuestro programa (programa mínimo);
b) con arreglo a la correlación de fuerzas y a otros factores, que no es posible fijar con precisión de antemano, es admisible la participación de mandatarios de nuestro Partido en el gobierno provisional revolucionario, con el fin de luchar implacablemente frente a todos los intentos contrarrevolucionarios y defender los intereses propios de la clase obrera;
c) condición necesaria para esta participación es el control riguroso del Partido sobre sus representantes y la salvaguardia constante de la independencia de la socialdemocracia, que aspira a la revolución socialista completa y es, por tanto, irreconciliablemente enemiga de todos los partidos burgueses;
d) independientemente de que sea o no posible la participación de la socialdemocracia en el gobierno provisional revolucionario, se debe propagar entre las más extensas capas del proletariado la idea de que es necesario que el proletariado armado, dirigido por la socialdemocracia, presione constantemente al gobierno provisional, con el fin de mantener, consolidar y extender las conquistas de la revolución".
2. ¿QUE NOS DA LA RESOLUCION DEL III
CONGRESO DEL P.O.S.D.R SOBRE EL
GOBIERNO PROVISIONAL
REVOLUCIONARIO?
La resolución del III Congreso del P.O.S.D.R., como se ve por su título, está entera y exclusivamente consagrada a
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la cuestión relacionada con el gobierno provisional revolucionario. Esto quiere decir que la participación de la socialdemocracia en el gobierno provisional revolucionario aparece aquí como una parte de la cuestión. Por otra parte, se trata sólo de un gobierno provisional revolucionario y no de otra cosa; por consiguiente, no entran para nada aquí cuestiones como la de la "conquista del Poder" en general y otras. ¿Ha obrado bien el Congreso eliminando esta última cuestión y otras análogas? Indiscutiblemente ha obrado bien, pues la situación política de Rusia no pone en manera alguna dichas cuestiones a la orden del día. Por el contrario, el problema puesto a la orden del día por todo el pueblo es el derrocamiento de la autocracia y la convocatoria de la Asamblea Constituyente. Los congresos del Partido deben resolver no las cuestiones a que se refiere, oportuna o inoportunamente, este o el otro escritor, sino las que tienen una importancia política seria en virtud de las condiciones del momento y como consecuencia de la marcha objetiva del desarrollo social.
¿Qué importancia tiene el gobierno provisional revolucionario en la revolución presente y en la lucha general del proletariado? La resolución del Congreso lo explica, indicando desde el comienzo la necesidad de la "libertad política más completa posible", tanto desde el punto de vista de los intereses inmediatos del proletariado como desde el punto de vista de los "objetivos finales del socialismo". Pero la libertad política completa exige la sustitución de la autocracia zarista por la república democrática, como se reconoce ya en el programa de nuestro Partido. Subrayar la consigna de la república democrática en la resolución de Congreso es necesario desde el punto de vista lógico y de principio, pues el proletariado, como combatiente de vanguardia por
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la democracia, trata de alcanzar precisamente la libertad completa; además, subrayar esto es tanto más útil en el momento actual, cuanto que precisamente ahora se presentan con la bandera del "democratismo" los monárquicos, a saber: el llamado partido constitucional "democrático" o de "Osvobozhdenie". Para la instauración de la república es absolutamente necesaria la asamblea de los representantes populares, asamblea que debe ser necesariamente de todo el pueblo (a base del sufragio universal, igual, directo y secreto) y constituyente. Esto es lo que reconoce más adelante la resolución del Congreso. Pero no se limita a esto. Para establecer un nuevo orden de cosas que "exprese realmente la voluntad del pueblo" no basta con dar a la asamblea representativa la denominación de constituyente. Es preciso que dicha asamblea tenga poder y fuerza para "constituir". Dándose cuenta de ello, la resolución del Congreso no se limita a la consigna formal de "Asamblea Constituyente", sino que añade las condiciones materiales, únicas bajo las cuales será posible a dicha Asamblea el cumplimiento de su misión. Indicar las condiciones en que la Asamblea Constituyente nominal puede convertirse en Asamblea Constituyente efectiva es de una necesidad imperiosa, ya que la burguesía liberal, personificada por el partido constitucional monárquico, falsea deliberadamente, como hemos indicado ya más de una vez, la consigna de Asamblea Constituyente de todo el pueblo, reduciéndola a una frase vacía.
La resolución del Congreso dice que sólo un gobierno provisional revolucionario, con la particularidad de que sea el órgano de la insurrección popular victoriosa, es capaz de garantizar la libertad completa de la agitación electoral y de convocar una asamblea que exprese realmente la voluntad del pueblo. ¿Es justa esta tesis? Quien piense ponerla
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en tela de juicio debe afirmar que el gobierno zarista puede no tender la mano a la reacción, que es capaz de ser neutral durante las elecciones, que puede preocuparse de la expresión real de la voluntad del pueblo. Semejantes afirmaciones son tan absurdas, que nadie las defenderá abiertamente, pero precisamente nuestras gentes de Osvobozhdenie nos las hacen pasar furtivamente bajo la bandera liberal. La Asamblea Constituyente debe convocarla alguien; las elecciones libres y justas deben ser garantizadas por alguien; alguien debe otorgar enteramente a esta Asamblea la fuerza y el poder; sólo un gobierno revolucionario que sea el órgano de la insurrección puede querer con entera sinceridad esto y tener fuerzas para hacer todo lo necesario con el fin de realizarlo. El gobierno zarista se opondrá inevitablemente a ello. Un gobierno liberal, que hubiera concertado un arreglo con el zar y no se apoyara enteramente en la insurrección popular, no sería capaz de querer sinceramente esto, ni de realizarlo, aun en el caso de desearlo con la mayor sinceridad. Por consiguiente, la resolución del Congreso da la única consigna democrática acertada y del todo consecuente.
Pero la apreciación de la importancia del gobierno provisional revolucionario sería incompleta e inexacta, si se perdiera de vista el carácter de clase de la revolución democrática. Por eso, la resolución añade que la revolución fortalecerá la dominación burguesa, lo cual es inevitable en el régimen actual, es decir, en el régimen económico-social capitalista. Pero el resultado del fortalecimiento de la dominación de la burguesía sobre un proletariado más o menos libre políticamente, deberá ser inevitablemente una lucha desesperada entre ellos por el Poder, deberán ser unas tentativas desesperadas de la burguesía para "arrebatar al proletariado las conquistas del período revolucionario". Al
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luchar por la democracia a la vanguardia y al frente de todos, el proletariado no debe olvidar por ello, ni un momento, las nuevas contradicciones que encierra en sus entrañas la democracia burguesa, y la nueva lucha.
La significación del gobierno provisional revolucionario es apreciada, pues, de un modo completo en la parte de la resolución que estamos examinando: tanto en su posición con respecto a la lucha por la libertad y la república, como en su posición con respecto a la Asamblea Constituyente y en su posición con respecto a la revolución democrática, que desbrozará el camino para una nueva lucha de clases.
Cabe a renglón seguido preguntar: ¿cuál debe ser la posición del proletariado en general con respecto al gobierno provisional revolucionario? La resolución del Congreso contesta a esto, ante todo, con el consejo directo al Partido de difundir entre la clase obrera el convencimiento de la necesidad de constituir un gobierno provisional revolucionario. La clase obrera debe tener conciencia de esta necesidad. Mientras que la burguesía "democrática" deja en la sombra la cuestión del derrocamiento del gobierno zarista, nosotros debemos colocarla en el primer plano e insistir en la necesidad de un gobierno provisional revolucionario. Es más, debemos indicar el programa de acción de dicho gobierno, programa que corresponda a las condiciones objetivas del momento histórico por que estamos atravesando y a las tareas de la democracia proletaria. Dicho programa es todo el programa mínimo de nuestro Partido, el programa de las transformaciones políticas y económicas inmediatas, completamente realizables, por una parte, a base de las relaciones económico-sociales actuales, y necesarias, por otra, para dar el paso siguiente, para realizar el socialismo.
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Así, pues, la resolución pone completamente en claro el carácter y los fines del gobierno provisional revolucionario. Por su origen y por su carácter fundamental, dicho gobierno debe ser el órgano de la insurrección popular. Por su destino formal, debe ser un instrumento para convocar la Asamblea Constituyente de todo el pueblo. Por el contenido de su actuación, debe realizar el programa mínimo de la democracia proletaria, como único capaz de garantizar los intereses del pueblo insurreccionado contra la autocracia.
Se puede objetar que el gobierno provisional, por ser provisional, no puede realizar un programa positivo no aprobado aún por todo el pueblo. Semejante objeción no sería más que un sofisma de reaccionarios y "autocratófilos". No realizar ningún programa positivo significa tolerar la existencia del estado de cosas feudal de la autocracia podrida. Tolerar un orden de cosas tal, lo podría hacer sólo un gobierno de traidores a la causa de la revolución y no un gobierno que sea el órgano de la insurrección popular. ¡Sería una burla que alguien propusiese renunciar a la realización práctica de la libertad de reunión, antes de que reconozca dicha libertad la Asamblea Constituyente, so pretexto de que la Asamblea Constituyente puede no reconocer la libertad de reunión! Una burla de este género es la objeción contra la aplicación inmediata del programa mínimo por el gobierno provisional revolucionario.
Anotemos, en fin, que, al fijar como tarea del gobierno provisional revolucionario la aplicación del programa mínimo, la resolución elimina con ello las absurdas ideas semianarquistas sobre la realización inmediata del programa máximo, sobre la conquista del Poder para llevar a cabo la revolución socialista. El grado de desarrollo económico de Rusia (condición objetiva) y el grado de conciencia y de
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organización de las grandes masas del proletariado (condición subjetiva, indisolublemente ligada a la objetiva) hacen imposible la liberación completa inmediata de la clase obrera. Sólo la gente más ignorante puede desconocer el carácter burgués de la revolución democrática que se está desarrollando; sólo los optimistas más cándidos pueden olvidar cuán poco conoce aún la masa de los obreros los fines del socialismo y los procedimientos para realizarlo. Pero todos nosotros estamos persuadidos de que la emancipación de los obreros puede ser obra sólo de los obreros mismos; sin la conciencia y la organización de las masas, sin su preparación y su educación por medio de la lucha de clases abierta contra toda la burguesía, ni hablar se puede de revolución socialista. Y como contestación a las objeciones anarquistas de que aplazamos la revolución socialista, diremos: no la aplazamos, sino que damos el primer paso hacia la misma por el único procedimiento posible, por la única senda certera, a saber: por la senda de la república democrática. Quien quiera ir al socialismo por otro camino que no sea el del democratismo político, llegará infaliblemente a conclusiones absurdas y reaccionarias, tanto en el sentido económico como en el político. Si en un momento determinado tales o cuales obreros nos preguntan por qué no hemos de realizar nuestro programa máximo, les contestaremos indicándoles cuán ajenas son aún al socialismo las masas del pueblo, impregnadas de un estado de espíritu democrático, cuán poco desarrolladas se hallan aún las contradicciones de clase, cuán inorganizados están aún los proletarios. ¡Organizad a centenares de miles de obreros en toda Rusia, difundid entre millones la simpatía hacia vuestro programa! Probad a hacer esto, no limitándoos a frases anarquistas sonoras, pero huecas, y veréis inmediatamente que llevar a
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cabo esta organización, que la difusión de esta educación socialista depende de la realización más completa posible de las transformaciones democráticas.
Continuemos. Una vez aclarada la significación del gobierno provisional revolucionario y la actitud del proletariado con respecto al mismo, surge la siguiente pregunta: ¿es admisible, y en qué condiciones, nuestra participación en dicho gobierno (acción desde arriba)? ¿Cuál debe ser nuestra acción desde abajo? La resolución da respuestas exactas a estas dos preguntas: declara decididamente que, en principio, la participación de la socialdemocracia en el gobierno provisional revolucionario (en la época de la revolución democrática, en la época de la lucha por la república) es admisible. Con esta declaración, nos separamos irremisible mente tanto de los anarquistas, que contestan a esta pregunta negativamente en principio, como de los "seguidistas" de la socialdemocracia (tales como Martínov y los neoiskristas), que nos intimidaban con la perspectiva de una situación en la cual dicha participación pudiera resultar in dispensable para nosotros. Con esta declaración, el III Congreso del P.O.S.D.R. ha rechazado irremisiblemente la idea de la nueva Iskra, según la cual la participación de los socialdemócratas en el gobierno provisional revolucionario es una variedad del millerandismo[7] y es inadmisible en principio, por significar una consagración del orden de cosas burgués, etc.
Pero la cuestión de la admisibilidad en principio no resuelve aún, naturalmente, la cuestión de la conveniencia práctica. ¿En qué condiciones es conveniente esa nueva variedad de lucha, la lucha "desde arriba", aceptada por el Congreso del Partido? De suyo se comprende que ahora no hay la posibilidad de hablar de condiciones concretas,
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tales como la correlación de fuerzas y otras, y la resolución, naturalmente, renuncia a definir previamente dichas condiciones. Ningún hombre razonable se decidirá a pronosticar nada en el momento actual con respecto a la cuestión que nos interesa. Se puede y se debe definir el carácter y los fines de nuestra participación. Es lo que hace la resolución al indicar dos fines de la participación: 1) lucha implacable frente a los intentos contrarrevolucionarios, y 2) defensa de los intereses propios de la clase obrera. En un momento en que los burgueses liberales empiezan a hablar con empeño de la psicología de la reacción (véase la muy edificante "Carta abierta" del señor Struve en el número 71 de Osvobozhdenie ), esforzándose en intimidar al pueblo revolucionario y en incitarle a mostrarse condescendiente con respecto a la autocracia, en un momento tal, es particularmente oportuno que el Partido del proletariado recuerde el objetivo de la guerra que hoy sostenemos contra la contrarrevolución. En último término, las grandes cuestiones de la libertad política y de la lucha de clases las resuelve únicamente la fuerza, y nosotros debemos preocuparnos de la preparación y organización de esta fuerza y de su empleo activo, no sólo defensivo, sino también ofensivo. La prolongada época de reacción política, que reina en Europa casi sin interrupción desde los tiempos de la Comuna de París, nos ha familiarizado demasiado con la idea de la acción sólo "desde abajo", nos ha acostumbrado demasiado a considerar la lucha sólo desde el punto de vista defensivo. Hemos entrado ahora, indudablemente, en una nueva época; se ha iniciado un período de conmociones políticas y revoluciones. En un período como el que está atravesando Rusia, es intolerable limitarse a los viejos clichés. Hay que
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propagar la idea de la acción desde arriba, hay que prepararse para las acciones ofensivas más enérgicas, hay que estudiar las condiciones y las formas de dichas acciones. Dos de estas condiciones coloca en primer plano la resolución del Congreso: una se refiere al aspecto formal de la participación de la socialdemocracia en el gobierno provisional revolucionario (control severo del Partido sobre sus mandatarios), otra, al carácter mismo de dicha participación (no perder de vista ni un instante los fines de la revolución socialista completa).
Después de haber aclarado, por tanto, en todos los sentidos, la política del Partido en la acción "desde arriba"este nuevo procedimiento de lucha, casi nunca visto hasta ahora --, la resolución también prevé el caso de que no consigamos obrar desde arriba. En todo caso, estamos obligados a presionar desde abajo sobre el gobierno provisional revolucionario. Para ejercer esta presión desde abajo, el proletariado debe estar armado pues en los momentos revolucionarios las cosas llegan con una rapidez particular hasta la guerra civil directa --, y dirigido por la socialdemocracia. El fin de esta presión armada es "mantener, consolidar y extender las conquistas de la revolución", esto es, las conquistas que, desde el punto de vista de los intereses del proletariado, deben consistir en la aplicación de todo nuestro programa mínimo.
Con esto terminamos nuestro breve examen de la resolución del III Congreso sobre el gobierno provisional revolucionario. Como ve el lector, esta resolución aclara asimismo la significación de la nueva cuestión, así como la posición del Partido del proletariado con respecto a la misma y la política del Partido tanto dentro del gobierno provisional revolucionario como fuera de él.
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Veamos ahora la resolución correspondiente de la "Conferencia".
3. ¿QUE ES LA "VICTORIA DECISIVA DE LA
REVOLUCION SOBRE EL ZARISMO"?
La resolución de la "Conferencia" está dedicada a la cuestión de la "conquista del Poder y la participación en el gobierno provisional "[*]. Ya en este modo de plantear la cuestión se encierra, como hemos indicado, la confusión. De una parte, la cuestión se plantea de un modo estrecho: se habla sólo de nuestra participación en el gobierno provisional y no en general de las tareas del Partido con respecto al gobierno provisional revolucionario. De otra parte, se confunden dos cuestiones de carácter completamente distinto: nuestra participación en una de las fases de la revolución democrática y la revolución socialista. En efecto, la "conquista del Poder" por la socialdemocracia es precisamente la revolución socialista y no puede ser nada más si se emplean estas palabras en su significación directa y habitual. Pero si se las comprende en el sentido de la conquista del Poder no para la revolución socialista, sino para la revolución democrática, entonces ¿qué sentido tiene hablar no sólo de la participación en el gobierno provisional revolucionario, sino también de la "conquista del Poder" en general? Evidentemente, nuestros "conferencistas" no sabían
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El texto completo de esta resolución puede ser restablecido por el lector de acuerdo con las citas que figuran en las págs. 400, 403, 407, 431 y 433. (Nota de Lenin para la edición de 1907. [Véase págs. 16, 24, 31, 77, 82 del presente libro.] N. de la Red.)pág. 16
ellos mismos muy bien de lo que tenían propiamente que hablar: si de la revolución democrática o de la revolución socialista Quien haya seguido la literatura consagrada a esta cuestión sabe que es el camarada Martínov quien ha dado comienzo a dicha confusión en sus famosas Dos dictaduras : los neoiskristas recuerdan de mala gana el modo como se plantea la cuestión (ya antes del 9 de enero)[*] en esa obra seguidista-modelo, pero la influencia ideológica de la misma sobre la Conferencia no ofrece la menor duda.
Pero
dejemos de lado el título de la resolución. Su contenido nos mostrará errores incomparablemente más profundos y graves. He aquí la primera parte de la misma:"La victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo puede ser señalada, bien por la constitución de un gobierno provisional, surgido de la insurrección popular victoriosa, bien por la iniciativa revolucionaria de tal o cual institución representativa que decida, bajo la presión revolucionaria directa del pueblo, organizar una Asamblea Constituyente de todo el pueblo".
Así, pues, se nos dice que la victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo puede ser tanto la insurrección triunfante, como. . . ¡la decisión de una institución representativa de organizar una Asamblea Constituyente! ¿Qué significa esto? ¿Cómo es esto? ¿¿La victoria decisiva puede ser señalada por la "decisión" de organizar una Asamblea Constituyente?? ¡¡Y semejante "victoria" se coloca al lado
*
Este día el agente de la policía Pope Gapón organizó en Petersburgo, con fines de provocación, una fila pacífica de obreros para dirigirse al Palacio de Invierno a entregar al zar una petición. El zar mandó a su tropa ametrallar a los obreros sin armas. Esta atrocidad del gobierno zarista suscitó una tempestad de protesta. Los acontecimientos del 9 de enero fueron el comienzo de la revolución de 1905. (N. de la Red.)pág. 17
de la constitución de un gobierno provisional "surgido de la insurrección popular victoriosa"!! La Conferencia no se ha dado cuenta de que la insurrección popular victoriosa y la constitución de un gobierno provisional implican la victoria de la revolución de hecho, mientras que la "decisión" de organizar una Asamblea Constituyente implica la victoria sólo verbal de la revolución.
La Conferencia de los mencheviques-neoiskristas ha incurrido en el mismo error en que incurren constantemente los liberales, las gentes de Osvobozhdenie. Estas gentes lanzan frases sobre la Asamblea "Constituyente", cerrando púdicamente los ojos ante la conservación de la fuerza y del Poder en las manos del zar, olvidando que para "constituir" hay que tener la fuerza de constituir. La Conferencia ha olvidado asimismo que de la "decisión" de unos representantes cualesquiera, hasta el cumplimiento de dicha decisión, hay un gran trecho. La Conferencia también ha olvidado que mientras el Poder quede en las manos del zar, cualquier decisión de unos representantes cualesquiera no es más que charlatanismo huero y mezquino, como resultaron serlo las "decisiones" del parlamento de Francfort, famoso en la historia de la revolución alemana de 1848 Marx, representante del proletariado revolucionario, en su Nueva Gaceta del Rin [8], fustigaba precisamente con sarcasmos implacables a los "osvobozhdentsi" liberales de Francfort porque pronunciaban bellos discursos, tomaban toda dase de "decisiones" democráticas, "instituían" toda dase de libertades, pero, en la práctica, dejaban el Poder en manos del rey, no organizaban la lucha armada contra las fuerzas militares de que disponía este último. Y mientras los osvobozhdentsi de Francfort discurseaban, el rey esperó el momento oportuno, afianzó sus fuerzas militares, y la con-
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trarrevolución, apoyándose en la fuerza real, infligió una derrota rotunda a los demócratas con todas sus magníficas "decisiones".
La Conferencia ha equiparado a la victoria decisiva lo que precisamente carece de la condición decisiva de la victoria. ¿Cómo unos socialdemócratas, que aceptan el programa republicano de nuestro Partido, pudieron incurrir en este error? Para comprender este extraño fenómeno, hay que dirigirse a la resolución del III Congreso sobre los disidentes del Partido*. En dicha resolución se indica la supervivencia en nuestro Partido de distintas tendencias "afines al economismo". Nuestros "conferencistas" (no en vano, es cierto, se hallan bajo la dirección ideológica de Martínov) razonan sobre la revolución absolutamente con el mismo criterio con que los economistas razonaban sobre la lucha política o sobre la jornada de ocho horas Los economistas ponían pronto en circulación la "teoría de las fases": 1) lucha por los derechos, 2) agitación política, 3) lucha política, o 1) jornada de diez horas, 2) jornada de
* Damos el texto completo de esta resolución:
"El Congreso hace constar que en el P.O.S.D.R., desde la época de su
lucha contra el economismo, se conservan hasta hoy matices que le son afines en distinto
grado y en diversos sentidos, matices que se caracterizan por una tendencia general a
rebajar la importancia de los elementos de conciencia en la lucha proletaria, supeditando
dichos elementos a los de la espontaneidad Los que representan esos matices en el problema
de la organización, propugnan en el terreno de la teoría el principio de
organización-proceso, principio que no corresponde a la labor del Partido, que se
desarrolla en forma sistemática; en la practica emplean en numerosos casos un sistema de
evasivas en el cumplimiento de la disciplina del Partido, y en otros casos, dirigiendo a
la parte menos consciente del Partido sus prédicas en favor del empleo en gran escala del
principio de elección sin tener en cuenta las condiciones objetivas de la realidad rusa,
intentan socavar las únicas bases posibles en el presente de los vínculos del Partido.
En los problemas de la táctica dan pruebas de la tendencia a reducir el [cont.
en pág. 19] alcance de la labor del Partido, manifestándose en contra de la
táctica acabadamente independiente del Partido con respecto a los partidos burgueses
liberales; en contra de la posibilidad y de lo deseable que sería que nuestro Partido se
encargue del papel de organizador en la insurrección popular, y en contra de la
participación del Partido, en cuales quiera condiciones, en el gobierno provisional
revolucionario-democrático.
El Congreso propone a todos los miembros del Partido que desarrollen en
todas partes una enérgica lucha ideológica contra semejantes desviaciones parciales de
los principios de la socialdemocracia revolucionaria; pero a la vez considera que la
participación en las organizaciones del Partido de gentes que, en uno u otro grado, se
adhieren a semejantes ideas es admisible con la condición indispensable de que,
reconociendo los Congresos del Partido y los estatutos del mismo, se sometan enteramente a
la disciplina del Partido (Nota de Lenin para la edición de 1907. N. de la Red.)
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nueve horas, 3) jornada de ocho horas. Todo el mundo conoce suficientemente cuáles fueron los resultados obtenidos con esta "táctica-proceso". Ahora nos proponen asimismo dividir, bien meticulosamente, por anticipado la revolución en fases: 1) el zar convoca una institución representativa, 2) esta institución representativa "decide", bajo la presión del "pueblo", organizar la Asamblea Constituyente, 3) . . . sobre la tercera fase, los mencheviques no se han puesto todavía de acuerdo; han olvidado que la presión revolucionaria del pueblo tropezará con la presión contrarrevolucionaria del zarismo y que, por esto, o bien la "decisión" queda inaplicada, o bien el asunto lo decide no otra cosa que la victoria o la derrota de la insurrección popular. La resolución de la Conferencia es exactamente parecida al siguiente razonamiento de los economistas: la victoria decisiva de los obreros puede ser señalada, bien por la implantación de la jornada de ocho horas por vía revolucionaria, bien por la concesión de la jornada de diez horas y la "decisión" de pasar a la de nueve. . . Exactamente lo mismo.
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Se nos puede objetar, quizás, que los autores de la resolución no se proponían equiparar la victoria de la insurrección a la "decisión" de la institución representativa convocada por el zar, que querían únicamente prever la táctica del Partido en uno u otro caso. Contestaremos a esto: 1) El texto de la resolución califica de un modo directo e inequívoco de "victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo" la decisión de la institución representativa. Es posible que esto sea el resultado de una redacción desaliñada, es posible que se la pueda enmendar basándose en las actas, pero mientras no haya sido enmendada, el sentido de dicha redacción no puede ser más que uno, y dicho sentido está de lleno dentro del espíritu de Osvobozhdenie. 2) El curso de ideas propio de "Osvobozhdenie " en que han caído los autores de la resolución aparece con un relieve todavía incomparablemente mayor en otros escritos de los neoiskristas. Por ejemplo, en el órgano del Comité de Tiflís Sotsial-Demokrat [9] (publicado en georgiano y ensalzado por Iskra en su número loo) en el artículo "El Zemski Sobor* y nuestra táctica", se llega incluso a decir que la "táctica" consistente en "elegir como centro de nuestra actividad el Zemski Sobor" (¡sobre la convocatoria del cual, añadiremos por cuenta nuestra, no sabemos aún nada de un modo preciso!) "es más ventajosa para nosotros " que la "táctica" de la insurrección armada y de la constitución de un gobierno provisional revolucionario. Más abajo volveremos aún a ocuparnos de este artículo. 3) No se puede oponer nada al examen previo de la táctica del Partido para el caso de la victoria de la revolución y para el de su derrota, así
* Asamblea de representantes por estamentos en Rusia. Se convocaba en los siglos XVI y XVII para deliberar con el soberano (N. de la Red.)
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como para el caso de éxito de la insurrección y para el caso de que la insurrección no pueda convertirse en una fuerza seria. Es posible que el gobierno zarista consiga convocar una asamblea representativa con el fin de hacer componendas con la burguesía liberal; la resolución del III Congreso, previniéndolo, habla directamente de la "política hipócrita", del "seudo-democratismo", de las "formas caricaturescas de representación popular, tales como el llamado Zemski Sobor"* Pero de lo que se trata es de que esto no se dice en la resolución sobre el gobierno provisional revolucionario, pues esto no tiene nada que ver con el gobierno provisional revolucionario. Este caso relega el problema de la insurrección y de la constitución del gobierno provisional revolucionario, lo modifica, etc. Ahora no se trata de que sean posibles toda clase de combinaciones, de que sean posibles la victoria y la derrota, los caminos de-
* He aquí el texto de esta resolución sobre la actitud respecto a la
táctica del gobierno en vísperas de la revolución:
"Teniendo en cuenta que, con el fin de mantenerse, el gobierno, al
recrudecer, en el período revolucionario que atravesamos, las represiones habituales;
encaminadas con preferencia contra los elementos conscientes del proletariado, a la vez 1)
trata de corromper políticamente a la clase obrera mediante concesiones y promesas de
reformas, para distraerla así de la lucha revolucionaria; 2) con el mismo fin reviste su
política hipócrita de concesiones con el ropaje de formas seudodemocráticas, comenzando
por invitar a los obreros a elegir sus representantes para las comisiones y asambleas y
terminando con la creación de formas caricaturescas de representación popular, tales
como el llamado Zemski Sobor; 3) organiza las llamadas "centurias negras" y alza
contra la revolución a todos los elementos del pueblo reaccionarios, inconscientes o
enceguecidos por el odio de raza o de religión en general.
El III Congreso del P.O.S.D.R. acuerda proponer a todas las organizaciones
del Partido:
a) al desenmascarar los fines reaccionarios de las concesiones del
gobierno, subrayar en la propaganda y agitación su carácter forzado, por [cont. en pág. 22] una parte, y, por otra, la absoluta
imposibilidad para la autocracia de conceder reformas al proletariado;
b) aprovechando la campaña electoral, explicar a los obreros el
verdadero sentido de semejantes medidas adoptadas por el gobierno y demostrar que el
proletariado debe convocar por vía revolucionaria la Asamblea Constituyente sobre la base
del sufragio universal, igual, directo y secreto;
c) organizar al proletariado para la implantación inmediata por la
vía revolucionaria, de la jornada de 8 horas y de otras reivindicaciones inmediatas de la
clase obrera;
d) organizar la resistencia armada a las intentonas de las
"centurias negras" y de todos los elementos reaccionarios en general, que son
dirigidos por el gobierno". (Nota de Lenin para la edición de 1907. N. de la Red.)
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rechos y los caminos de rodeo; de lo que se trata es de que es inadmisible para un socialdemócrata llevar la confusión a las ideas de los obreros sobre el camino verdaderamente revolucionario, de que es inadmisible que, a la manera de los de Osvobozhdenie, se llame victoria decisiva a aquello que carece de la condición fundamental de la victoria. Es posible que aun la jornada de ocho horas no la obtengamos de golpe, sino únicamente recorriendo un largo camino de rodeo; pero ¿qué diréis del hombre que califica de victoria de los obreros una impotencia, una debilidad tal del proletariado, que éste no tenga fuerza para impedir los aplazamientos, las demoras, el regateo, la traición y la reacción? Es posible que la revolución rusa termine con un "aborto constitucional", como en cierta ocasión dijo Vperiod *, ¿pero acaso esto puede justificar al socialdemócrata que, en víspe-
* El periódico Vperiod (Adelante ) empezó a publicarse en Ginebra, en enero de 1905, como órgano de la fracción bolchevique del Partido. De enero a mayo aparecieron 18 números. A partir del mes de mayo, comenzó a publicarse Proletari, en lugar de Vperiod, como órgano central del P.O.S.D.R., de acuerdo con la resolución del III Congreso del P.O.S.D.R. (dicho Congreso se celebró en Londres, en el mes de mayo; los mencheviques no concurrieron y organizaron su propia "conferencia" en Ginebra). (Nota de Lenin para la edición de 1907. N. de la Red.)
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ras de la lucha decisiva, se pusiera a calificar dicho aborto de "victoria decisiva sobre el zarismo"? Es posible, si las cosas van mal, que no sólo no conquistemos la república, sino que incluso la constitución que obtengamos sea ilusoria, a lo "Shípov"[10], pero ¿acaso se podría perdonar a un socialdemócrata que escamoteara nuestra consigna republicana?
Naturalmente, los neoiskristas no han llegado todavía a ese escamoteo. ¡Pero por el hecho de que en su resolución se hayan precisamente olvidado de hablar de la república, se ve con particular evidencia hasta qué punto se ha evaporado en ellos el espíritu revolucionario, hasta qué punto la afición a los razonamientos muertos les ha ocultado las tareas de combate del momento! Es inverosímil, pero es un hecho. Todas las consignas de la socialdemocracia se ratifican, se repiten, se aclaran, se detallan en distintas resoluciones de la Conferencia, no se olvida ni tan siquiera la elección por los obreros, en las empresas, de "starostas" y delegados; únicamente no se ha hallado la ocasión de recordar la república en la resolución sobre el gobierno provisional revolucionario. Hablar de la "victoria" de la insurrección popular, de la constitución de un gobierno provisional y no indicar la relación de dichos "pasos" y actos con la conquista de la república, significa escribir una resolución no para dirigir la lucha del proletariado, sino para arrastrarse a la cola del movimiento proletario.
Resumamos. La primera parte de la resolución: 1) no ha aclarado en lo más mínimo la significación del gobierno provisional revolucionario desde el punto de vista de la lucha por la república y de la garantía de una Asamblea realmente popular y realmente constituyente; 2) ha introducido directamente la confusión en la conciencia democrática del proletariado, equiparando a la victoria decisiva de la
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revolución sobre el zarismo un estado te cosas tal, en el que precisamente falta todavía la condición fundamental para la verdadera victoria.
4. LA LIQUIDACION DEL REGIMEN
MONARQUICO Y LA REPUBLICA
Pasemos a la parte siguiente de la resolución:
". . . Tanto en uno como en otro caso, esa victoria será el principio de una nueva fase de la época revolucionaria. La tarea planteada espontáneamente por las condiciones objetivas del desarrollo social a esa nueva fase es la liquidación definitiva de todo el régimen de casta y monárquico en el proceso de la lucha recíproca entre los elementos de la sociedad burguesa, políticamente emancipada, por la realización de sus intereses sociales y por la posesión directa del Poder.
Por eso, el gobierno provisional que tomara sobre sí la realización de las tareas de esa revolución burguesa por su carácter histórico, debería, al regular la lucha recíproca entre las clases antagónicas de la nación emancipada, no sólo impulsar el desarrollo revolucionario, sino también luchar contra los factores del mismo que amenacen las bases del régimen capitalista".
Detengámonos en esta parte, que representa en sí un apartado independiente de la resolución. La idea fundamental de los razonamientos que reproducimos coincide con la expuesta en el tercer punto de la resolución del Congreso. Pero si se comparan las dos resoluciones en esta parte, salta inmediatamente a la vista la siguiente diferencia radical entre ellas: la resolución del Congreso, después de carac-
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terizar en dos palabras la base económico-social de la revolución, dirige toda su atención a la lucha de clases netamente definida por conquistas determinadas, y coloca en primer plano las tareas de combate del proletariado. La resolución de la Conferencia, después de describir de un modo extenso, nebuloso y confuso la base económico-social de la revolución, habla de un modo muy poco claro de la lucha por conquistas determinadas y deja absolutamente en la penumbra las tareas de combate del proletariado. La resolución de la Conferencia habla de la liquidación del antiguo régimen en el proceso de una lucha recíproca de los elementos de la sociedad. La resolución del Congreso dice que nosotros, Partido del proletariado, debemos efectuar esta liquidación, que sólo la instauración de la república democrática constituye la liquidación verdadera, que esta república debemos conquistarla, que lucharemos por ella y por la libertad completa no sólo contra la autocracia, sino también contra la burguesía cuando ésta intente (y lo hará sin falta) arrebatarnos nuestras conquistas. La resolución del Congreso llama a la lucha a una clase determinada, por un objetivo inmediato, definido de un modo preciso. La resolución de la Conferencia razona sobre la lucha recíproca de las distintas fuerzas. Una resolución expresa la psicología de la lucha activa, otra la de la contemplación pasiva; una está impregnada de llamamientos a la acción viva, la otra de razonamientos muertos. Ambas resoluciones declaran que la revolución que se está desarrollando es, para nosotros, sólo un primer paso, al cual seguirá el segundo, pero una de las resoluciones extrae de aquí la conclusión de que hay que efectuar con tanta mayor rapidez este primer paso, liquidarlo con tanta mayor rapidez, conquistar la república, aplastar implacablemente la contrarrevolución y crear el terreno
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para el segundo paso; en cambio, la otra resolución rebosa, por decirlo así, de descripciones prolijas de este primer paso y (perdonad lo vulgar de la expresión) chupa sus ideas al respecto. La resolución del Congreso toma las viejas y eternamente nuevas ideas del marxismo (sobre el carácter burgués de la revolución democrática) como prólogo o primera premisa para sacar conclusiones sobre las tareas de vanguardia de la clase de vanguardia, que lucha tanto por la revolución democrática como por la revolución socialista. La resolución de la Conferencia sólo se queda en el prólogo, rumiándolo y sutilizando sobre el mismo.
Esta diferencia es precisamente la que desde hace mucho tiempo divide a los marxistas rusos en dos alas: ala razonadora y ala combativa, en los tiempos pasados del marxismo legal; ala económica y ala política, en la época del movimiento de masas que se está iniciando. De la premisa cierta del marxismo sobre las profundas raíces económicas de la lucha de clases en general y de la lucha política en particular, los economistas sacaban la conclusión singular de que había que volverse de espaldas a la lucha política y contener su desarrollo, reducir su alcance, rebajar sus tareas. Los políticos, a la inversa, extraían de las mismas premisas otra conclusión, a saber: que cuanto más profundas sean ahora las raíces de nuestra lucha, de un modo más vasto, más valeroso, más decidido, con más iniciativa debemos sostener dicha lucha. En la actualidad, en otras circunstancias, en una forma modificada, nos hallamos en presencia del mismo debate. De las premisas de que la revolución democrática no es aún, ni mucho menos, la revolución socialista, de que "interesa" no sólo y exclusivamente a los desposeídos; de que sus raíces profundísimas se hallan en las necesidades y en los requisitos ineluctables de toda la
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sociedad burguesa en su conjunto; de estas premisas sacamos la conclusión de que la clase avanzada debe plantear tanto más audazmente sus tareas democráticas, con tanta mayor precisión debe formularlas hasta el fin, propugnar la consigna directa de la república, propagar la idea de la necesidad del gobierno provisional revolucionario y de aplastar implacablemente la contrarrevolución. Mientras que nuestros contrincantes, los neoiskristas, deducen de estas mismas premisas la conclusión de que no hay que formular hasta el fin los postulados democráticos, de que entre las consignas prácticas se puede prescindir de la república, de que es permitido no propagar la idea de la necesidad del gobierno provisional revolucionario, de que se puede calificar de victoria decisiva incluso la resolución de convocar la Asamblea Constituyente, de que se puede no propugnar la tarea de la lucha frente a la contrarrevolución como nuestra tarea activa, sino ahogarla en una alusión nebulosa (y formulada erróneamente, como veremos en seguida) al "proceso de lucha recíproca". ¡No es éste un lenguaje propio de hombres políticos, sino de ratas de archivo!
Y cuanto más atentamente examinéis las distintas fórmulas de la resolución de los neoiskristas, con tanta mayor evidencia aparecen ante vosotros las particularidades fundamentales de la misma que ya hemos indicado. Se nos habla, por ejemplo, del "proceso de la lucha recíproca entre los elementos de la sociedad burguesa, políticamente emancipada". Recordando el tema sobre el cual la resolución escribía (gobierno provisional revolucionario), preguntamos perplejos: si se habla del proceso de lucha reciproca, ¿cómo se puede guardar silencio sobre los elementos que políticamente esclavizan a la sociedad burguesa? ¿Se imaginan los conferencistas que porque hayan supuesto la victoria de la
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revolución, dichos elementos han desaparecido ya? Esta idea sería un absurdo en general y la mayor ingenuidad política, una miopía política en particular. Después de la victoria de la revolución sobre la contrarrevolución, ésta no desaparecerá, sino que, al contrario, empezará inevitablemente una nueva lucha todavía más desesperada. Al consagrar su resolución al examen de las tareas que nos asignaría la victoria de la revolución, tenemos el deber de dedicar una gran atención a las tareas destinadas a rechazar la acometida de la contrarrevolución (como se hace en la resolución del Congreso) y no ahogar estas tareas políticas inmediatas, esenciales, candentes del partido combativo, en razonamientos generales a propósito de lo que habrá después de la época revolucionaria actual, de lo que habrá cuando nos hallemos ya en presencia de la "sociedad políticamente emancipada". Del mismo modo que los economistas cubrían su incomprensión de las tareas políticas candentes con alusiones a las verdades generales sobre la subordinación de la política a la economía, los neoiskristas, al remitirse a las verdades generales sobre la lucha en el interior de la sociedad políticamente emancipada, cubren su incomprensión de las tareas revolucionarias candentes de la emancipación política de dicha sociedad.
Tomad la expresión "liquidación definitiva de todo el régimen de casta y monárquico" En ruso, la liquidación definitiva del régimen monárquico se llama instauración de la república democrática. Pero al buenazo de Martínov y a sus admiradores esta expresión les parece demasiado sencilla y clara. Ellos quieren sin falta "ahondar" y decir cosas "más sabias". Así resultan, de una parte, esfuerzos ridículos por demostrar profundidad de pensamientos, y de otra, en vez de una consigna resulta una descripción, en vez
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de un llamamiento alentador a ir adelante, resulta una especie de mirada melancólica hacia atrás. Nos hallamos exactamente en presencia no de gente viva que quiera luchar ahora mismo, sin más tardanza, por la república, sino de una especie de momias petrificadas que sub specie aeternitatis examinan la cuestión desde el punto de vista plus-quamperfeaum.
Prosigamos: ". . . El gobierno provisional. . . tomaría sobre sí la realización de las tareas de esa. . . revolución burguesa. . ." En este punto, se ve en seguida que nuestros conferencistas han descuidado una cuestión concreta que se alza ante los dirigentes políticos del proletariado. La cuestión concreta del gobierno provisional revolucionario ha desaparecido de su campo visual ante la cuestión de la futura serie de gobiernos que realizarán las tareas de la revolución burguesa en general. Si deseáis examinar la cuestión "históricamente", el ejemplo de cualquier país europeo os mostrará que precisamente una serie de gobiernos, que en modo alguno eran "provisionales", realizaron las tareas históricas de la revolución burguesa, que incluso gobiernos que habían vencido a la revolución se vieron, a pesar de ello, obligados a realizar las tareas históricas de esa revolución vencida. Pero lo que se llama "gobierno provisional revolucionario" no es, en manera alguna, ése del que habláis: se llama así al gobierno de la época revolucionaria que reemplaza directamente al gobierno derribado y que se apoya en la insurrección popular y no en unas instituciones representativas surgidas del pueblo. El gobierno provisional revolucionario es el órgano de la lucha por la victoria inmediata de la revolución, de la lucha por la represión inmediata de los intentos contrarrevolucionarios, y no, en modo alguno, un órgano de realización de las tareas históricas de la revo-
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lución burguesa en general. Reseñemos, señores, a los futuros historiadores de la futura Rússkaia Stariná [11] determinar qué tareas de la revolución burguesa habrán sido las realizadas por nosotros o por tal o cual gobierno; esto se podrá hacer aunque sea dentro de treinta años, pero lo que ahora necesitamos es dar consignas e indicaciones prácticas para la lucha por la república y para la participación más enérgica del proletariado en esta lucha.
Por las causas indicadas, tampoco son satisfactorias las últimas tesis de la parte de la resolución reproducida por nosotros. Es extraordinariamente desacertada, o, por lo menos, inhábil, la expresión de que el gobierno provisional debería "regular" la lucha recíproca de las clases antagónicas: los marxistas no deberían emplear una fórmula liberal, de Osvobozhdenie, como ésta, que da motivo a pensar que es posible un gobierno que sirva no de órgano de la lucha de clases, sino de "regulador" de la misma. . . El gobierno debería "no sólo impulsar la revolución hacia adelante, sino luchar también contra los factores del mismo que amenacen las bases del régimen capitalista". ¡Este "factor" es precisamente ese mismo proletariado en nombre del cual habla la resolución! En vez de indicar cómo el proletariado precisamente debe, en un momento tal, "impulsar el desarrollo revolucionario" (empujarlo más allá de lo que quisiera la burguesía constitucionalista), en vez de aconsejar prepararse de un modo determinado para la lucha contra la burguesía, cuando ésta se vuelva contra las conquistas de la revolución; en vez de esto se nos da una descripción general del proceso, que nada dice sobre las tareas concretas de nuestra actuación. El procedimiento de la exposición de sus ideas por los neoiskristas recuerda la opinión de Marx (en su famosa "tesis" sobre Feuerbach) acerca del viejo materialismo, extraño a la
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idea de la dialéctica. Los filósofos sólo han interpretado el mundo de distintos modos -- decía Marx --, pero de lo que se trata es de transformarlo[12]. Del mismo modo, los neoiskristas pueden describir no del todo mal y explicar el proceso de la lucha que se desarrolla a sus ojos, pero son absolutamente incapaces de dar una consigna justa en esta lucha. Marchando celosamente, pero dirigiendo mal, rebajan la interpretación materialista de la historia por su desconocimiento del papel activo, dirigente y orientador que pueden y deben desempeñar en la historia los partidos que tengan conciencia de las condiciones materiales de la revolución y que se pongan al frente de las clases avanzadas.
5. ¿COMO HAY QUE "IMPULSAR LA
REVOLUCION HACIA ADELANTE"?
He aquí otro pasaje de la resolución:
"En tales condiciones, la socialdemocracia debe esforzarse por conservar durante todo el transcurso de la revolución una posición tal, que le garantice del modo mejor la posibilidad de impulsar la revolución hacia adelante, no le ate las manos en la lucha contra la política inconsecuente e interesada de los partidos burgueses y la preserve de ser diluida en la democracia burguesa.
Por eso, la socialdemocracia no debe asignarse como fin conquistar o compartir el Poder en el gobierno provisional, sino que debe seguir siendo el partido de la oposición revolucionaria extrema".
El consejo de ocupar una posición que garantice del mejor modo la posibilidad de impulsar la revolución hacia adelante, nos gusta sobremanera. Lo único que desearíamos es
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que, además de este buen consejo, hubiera indicaciones directas de cómo precisamente ahora, en la situación política presente, en la época de disquisiciones, suposiciones, habladurías y proyectos de convocatoria de los representantes populares, la socialdemocracia tiene que impulsar la revolución hacia adelante. ¿Puede actualmente impulsar la revolución hacia adelante el que no comprenda el peligro de la teoría del "acuerdo" del pueblo con el zar, sostenida por los elementos de Osvobozhdenie, el que califica de victoria la sola "decisión" de convocar la Asamblea Constituyente, el que no se asigna como tarea la propaganda activa de la idea de la necesidad del gobierno provisional revolucionario, el que deja en la penumbra la consigna de república democrática? Esa gente, en realidad, impulsa la revolución hacia atrás, porque en el sentido político-práctico se ha detenido al nivel de la posición de los elementos de Osvobozhdenie. ¿Qué valor puede tener su aceptación del programa que exige la sustitución de la autocracia por la república, cuando en la resolución táctica que define las tareas actuales y próximas del Partido en el momento revolucionario falta la consigna de la lucha por la república? ¡Pero si justamente la posición de los elementos de Osvobozhdenie, la posición de la burguesía constitucionalista, se halla en la actualidad caracterizada realmente por el hecho de que la decisión de convocar la Asamblea Constituyente del pueblo entero es considerada como una victoria decisiva, y sobre el gobierno provisional revolucionario y sobre la república se guarda prudentemente silencio! Para impulsar la revolución hacia adelante, esto es, más allá del límite hasta el cual la empuja la burguesía monárquica, hay que preconizar activamente, subrayar y colocar en primer plano consignas que excluyan la "inconsecuencia" de la democracia burguesa.
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Estas consignas en el momento actual son sólo dos : 1) gobierno provisional revolucionario, y 2) república, porque la consigna de Asamblea Constituyente de todo el pueblo ha sido aceptada por la burguesía monárquica (véase el programa de Soiús Osvobozhdenia [Unión de Emancipación]) y ha sido aceptada precisamente para escamotear la revolución, para no permitir la victoria completa de la revolución, para servir los intereses de una transacción mercantil entre la gran burguesía y el zarismo. Y vemos que la Conferencia, de estas dos consignas, las únicas capaces de impulsar la revolución hacia adelante, la consigna de la república la ha olvidado completamente y la consigna del gobierno provisional revolucionario la ha equiparado directamente a la consigna de la Asamblea Constituyente popular, propugnada por Osvobozhdenie, ¡¡calificando de "victoria decisiva de la revolución" lo uno y lo otro!!
Sí, tal es el hecho indudable que, estamos persuadidos de ello, servirá de jalón para el futuro historiador de la socialdemocracia de Rusia La Conferencia de los socialdemócratas, celebrada en mayo de 1905, adopta una resolución que contiene buenas palabras sobre la necesidad de impulsar la revolución democrática hacia adelante y que, de hecho, la empuje hacia atrás, que de hecho no va más allá de las consignas democráticas de la burguesía monárquica.
A los neoiskristas les gusta reprocharnos que desconocemos el peligro de dilución del proletariado en la democracia burguesa. Quisiéramos ver quién se atrevería a demostrar este reproche fundándose en el texto de las resoluciones aprobadas por el III Congreso del P.O.S.D.R. Contestamos a nuestros contrincantes: la socialdemocracia, que actúa en el terreno de la sociedad burguesa, no puede participar en la política sin marchar, en tal o cual caso aislado, al lado de
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la democracia burguesa. La diferencia entre nosotros y vosotros, en este punto, consiste en que nosotros vamos al lado de la burguesía revolucionaria y republicana sin fundirnos con ella, mientras que vosotros vais al lado de la burguesía liberal y monárquica sin fundiros tampoco con ella. Así es como están las cosas.
Vuestras consignas tácticas, dadas en nombre de la Conferencia, coinciden con las consignas del partido "constitucional democrático", esto es, con las del partido de la burguesía monárquica, con la particularidad de que esta coincidencia no la habéis advertido, no os habéis dado cuenta de ella, yendo a parar de este modo, de hecho, a la cola de las gentes de Osvobozhdenie.
Nuestras consignas tácticas, dadas en nombre del III Congreso del P.O.S.D.R., coinciden con las consignas de la burguesía democrático-revolucionaria y republicana. Esta burguesía y pequeña burguesía no han formado todavía un gran partido popular en Rusia*. Pero sólo puede dudar de la existencia de los elementos del mismo el que no tenga idea alguna de lo que sucede actualmente en Rusia. Nos proponemos dirigir (en caso de que la gran revolución rusa se desenvuelva con éxito) no sólo al proletariado, organizado por el Partido Socialdemócrata, sino también a esa pequeña burguesía capaz de ir a nuestro lado.
La Conferencia, en su resolución, desciende inconsciente mente hasta el nivel de la burguesía liberal y monárquica. El Congreso del Partido con su resolución, eleva consciente-
* Los "socialrevolucionarios" son más bien un grupo terrorista de intelectuales, que el embrión de dicho partido, aunque la significación objetiva de la actividad de dicho grupo se reduce, precisamente, a la realización de las tareas de la burguesía revolucionaria y republicana.
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mente hasta su nivel a los elementos de la democracia revolucionaria capaces de lucha y no de malas maniobras.
Dichos elementos se encuentran sobre todo entre los campesinos. Sin cometer un gran error, al clasificar los grandes grupos sociales por sus tendencias políticas, podemos identificar a la democracia revolucionaria y republicana con la masa campesina, naturalmente, en el mismo sentido y con las mismas reservas y las sobreentendidas condiciones con las cuales se puede identificar a la clase obrera con la socialdemocracia. Podemos, en otros términos, formular nuestras conclusiones asimismo del modo siguiente: la Conferencia, con sus consignas políticas de interés para toda la nación * en el momento revolucionario, desciende inconscientemente hasta el nivel de la masa de los terratenientes. El Congreso del Partido, con sus consignas políticas de interés para toda la nación, eleva a la masa campesina hasta el nivel revolucionario. Al que nos acuse, a causa de esta conclusión, de afición a las paradojas le hacemos el siguiente reto: que refute la tesis de que si no nos hallamos con fuerzas para llevar la revolución hasta el fin, si la revolución termina, como lo quieren los elementos de Osvobohzdenie, con una "victoria decisiva" en forma únicamente de una asamblea representativa convocada por el zar, a la cual sólo en tono de burla se podría calificar de constituyente, entonces eso será una revolución con el predominio de los elementos terratenientes y de la gran burguesía. Por el contrario, si estamos destinados a pasar efectivamente por una gran revolución, si esta vez la historia no permite un "aborto", si nos hallamos con fuerzas para llevar la revolución hasta el
* No hablamos de las consignas campesinas especiales a las cuales están dedicadas resoluciones particulares.
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fin, hasta la victoria decisiva, no en el sentido que dan a esta palabra las gentes de Osvobozhdenie y los neoiskristas, entonces eso será una revolución con el predominio del elemento campesino y proletario.
Puede ser que algunos vean, en el hecho de admitir la idea de tal predominio, una renuncia a nuestra convicción del carácter burgués de la revolución próxima. Esto es muy posible, si se tiene en cuenta el abuso que se hace de esta noción en Iskra. Por esto no será superfluo, ni mucho menos, detenerse en esta cuestión.
6. ¿DE QUE LADO AMENAZA AL
PROLETARIADO EL PELIGRO DE VERSE CON
LAS MANOS ATADAS EN LA LUCHA CONTRA
LA BURGUESIA INCONSECUENTE?
Los marxistas están absolutamente convencidos del carácter burgués de la revolución rusa. ¿Qué significa esto? Esto significa que las transformaciones democráticas en el régimen político y las transformaciones económico-sociales, que se han convertido en una necesidad para Rusia, no sólo no implican de por sí el socavamiento del capitalismo, el socavamiento de la dominación de la burguesía, sino que, por el contrario, desbrozarán por primera vez el terreno como es debido para un desarrollo vasto y rápido, europeo y no asiático, del capitalismo; por primera vez harán posible la dominación de la burguesía como clase. Los socialrevolucionarios no pueden comprender esta idea porque desconocen el abecé de las leyes de desarrollo de la producción mercantil y capitalista, no ven que aun el éxito completo de la insurrección campesina, aun la redistribución de toda
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la tierra en interés de los campesinos y de acuerdo con sus deseos ("reparto negro" o algo en este sentido) no destruiría ni en un ápice al capitalismo, sino que, al contrario, daría un impulso a su desenvolvimiento y aceleraría la diferenciación de clase de los campesinos mismos. La incomprensión de esta verdad convierte a los socialrevolucionarios en ideólogos inconscientes de la pequeña burguesía. Insistir sobre esta verdad tiene para la socialdemocracia una importancia inmensa, no sólo en teoría, sino también en política práctica, pues de aquí se desprende el carácter obligatorio de la independencia completa de clase del Partido del proletariado en el presente movimiento "democrático general".
Pero de esto no se desprende, ni mucho menos, que la revolución democrática (burguesa por su contenido económico-social) no represente un interés enorme para el proletariado. De esto no se desprende, ni mucho menos, que la revolución democrática no se pueda producir, tanto en forma ventajosa sobre todo para el gran capitalista, para el magnate financiero, para el terrateniente "ilustrado", como en forma ventajosa para el campesino y para el obrero.
Los neoiskristas interpretan de un modo radicalmente erróneo el sentido y la significación de la categoría: revolución burguesa. En sus razonamientos se desliza constantemente la idea de que la revolución burguesa es una revolución que puede dar únicamente lo que beneficia a la burguesía. Y, sin embargo, no hay nada más erróneo que esta idea, La revolución burguesa es una revolución que no va más allá del marco del régimen económico-social burgués, esto es, capitalista. La revolución burguesa expresa las necesidades del desarrollo del capitalismo no sólo no destruyendo sus bases, sino, al contrario, ensanchándolas y profundizándolas. Esta revolución expresa, por tanto, no sólo
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los intereses de la clase obrera, sino también los de toda la burguesía. Por cuanto la dominación de la burguesía sobre la clase obrera es inevitable bajo el capitalismo, se puede decir con pleno derecho que la revolución burguesa e~presa los intereses no tanto del proletariado como de la burguesía. Pero es completamente absurda la idea de que la revolución burguesa no expresa en lo más mínimo los intereses del proletariado. Esta idea absurda se reduce bien a la ancestral teoría populista de que la revolución burguesa se halla en pugna con los intereses del proletariado, de que no tenemos necesidad, por este motivo, de libertad política burguesa, o bien esta idea se reduce al anarquismo, el cual niega toda participación del proletariado en la política burguesa, en la revolución burguesa, en el parlamentarismo burgués. Teóricamente, esta idea representa en sí un olvido de las tesis elementales del marxismo, relativas a la inevitabilidad del desarrollo del capitalismo sobre el terreno de la producción mercantil. El marxismo enseña que una sociedad fundada en la producción mercantil y que tiene establecido el cambio con las naciones capitalistas civilizadas, al llegar a un cierto grado de desarrollo, se coloca inevitablemente ella misma en la senda del capitalismo. El marxismo ha roto irremisiblemente con los desvaríos de los populistas y anarquistas, según las cuales, Rusia, por ejemplo, podría evitar el desarrollo capitalista, saltar del capitalismo o por encima de él por algún medio que no fuese el de la lucha de clases sobre el terreno y en los límites de ese mismo capitalismo.
Todas estas tesis del marxismo han sido demostradas y repetidas con todo detalle, tanto en general como especialmente con respecto a Rusia. Y de estas tesis se deduce que es una idea reaccionaria buscar la salvación de la clase
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obrera en algo que no sea el desarrollo ulterior del capitalismo. En países tales como Rusia, la clase obrera sufre no tanto del capitalismo como de la insuficiencia de desarrollo del capitalismo. Por eso, la clase obrera está absolutamente interesada en el desarrollo más vasto, más libre, más rápido del capitalismo. Es absolutamente beneficiosa para la clase obrera la eliminación de todas las reminiscencias del pasado que entorpecen el desarrollo amplio, libre y rápido del capitalismo. La revolución burguesa es, precisamente, la revolución que de un modo más decidido barre los restos de lo antiguo, las reminiscencias del feudalismo (a las cuales pertenecen no sólo la autocracia, sino también la monarquía) y que de un modo más completo garantiza el desarrollo más amplio, más libre y más rápido del capitalismo.
Por eso, la revolución burguesa es extremadamente beneficiosa para el proletariado. La revolución burguesa es absolutamente necesaria para los intereses del proletariado. Cuanto más completa y decidida, cuanto más consecuente sea la revolución burguesa, tanto más garantizada se hallará la lucha del proletariado contra la burguesía por el socialismo. Esta conclusión puede parecer nueva o extraña, paradójica, únicamente a los que ignoren el abecé del socialismo científico. Y de esta conclusión, dicho sea de paso, se desprende asimismo la tesis de que, en cierto sentido, la revolución burguesa es más beneficiosa para el proletariado que para la burguesía. He aquí, justamente, en qué sentido es indiscutible esta tesis: a la burguesía le conviene apoyarse en algunas de las supervivencias del pasado contra el proletariado, por ejemplo, en la monarquía, en el ejército permanente, etc. A la burguesía le conviene que la revolución burguesa no barra demasiado resueltamente todas las supervivencias del pasado, sino que deje en pie algunas de
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ellas; es decir, que esta revolución no sea del todo consecuente, no se lleve hasta el final, no sea decidida e implacable. Los socialdemócratas expresan a menudo esta idea de un modo un poco distinto, diciendo que la burguesía se traiciona a sí misma, que la burguesía traiciona la causa de la libertad, que la burguesía es incapaz de un democratismo consecuente. A la burguesía le conviene más que los cambios necesarios en un sentido democraticoburgués se produzcan más lentamente, más gradualmente, más cautelosamente, de un modo menos resuelto, por medio de reformas y no por medio de la revolución, que estos cambios sean lo más prudentes posible con respecto a las "honorables" instituciones de la época del feudalismo (tales como la monarquía), que estos cambios desarrollen lo menos posible la acción independiente, la iniciativa y la energía revolucionarias del pueblo sencillo, es decir, de los campesinos y particularmente de los obreros, pues de otro modo a estos últimos les será tanto más fácil "cambiar de hombro el fusil", como dicen los franceses, es decir, dirigir contra la propia burguesía el arma que ponga en sus manos la revolución burguesa, la libertad que ésta les dé, las instituciones democráticas que broten en el terreno desbrozado de feudalismo.
Por el contrario, a la clase obrera le conviene más que los cambios necesarios en un sentido democraticoburgués se introduzcan no por medio de reformas, sino por la vía revolucionaria, pues el camino reformista es el camino de las dilaciones, de los aplazamientos, de la agonía dolorosa y lenta de los miembros podridos del organismo popular, y los que más y primordialmente sufren con este proceso de agonía lenta son d proletariado y los campesinos. El camino revolucionario, es el camino que consiste en la opera-
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ción más rápida y menos dolorosa para el proletariado, en la eliminación directa de los miembros podridos, el camino de mínimas concesiones y cautelas con respecto a la monarquía y a sus instituciones repelentes, ignominiosas y podridas, que envenenan la atmósfera con su descomposición.
He aquí por qué nuestra prensa liberal burguesa, no sólo por consideraciones dictadas por la censura, no sólo por miedo a las autoridades, deplora a lo Judas la posibilidad de un camino revolucionario, teme a la revolución, asusta al zar con la revolución, se preocupa de evitar la revolución, se humilla y se prosterna servil en aras de reformas mezquinas como base del camino reformista. Se mantienen en este punto de vista no sólo Rússkie Viédomosti, Sin Otéchestva, Nasha Zhisn, Nashi Dni [Información Rusa, El Hijo de la Patria, Nuestra Vida, Nuestros Días ], sino también la ilegal y libre Osvobozhdenie. La situación misma de la burguesía, como clase en la sociedad capitalista, engendra inevitablemente su inconsecuencia en la revolución democrática. La situación misma del proletariado, como clase, le obliga a ser demócrata consecuente. La burguesía, temiendo el progreso democrático, que amenaza con el fortalecimiento del proletariado, vuelve la vista hacia atrás. El proletariado no tiene nada que perder, excepto sus cadenas, y adquiere, con ayuda del democratismo, todo un mundo. Por eso, cuanto más consecuente es la revolución burguesa en sus transformaciones democráticas, menos se limita a lo que beneficia exclusivamente a la burguesía. Cuanto más consecuente es la revolución burguesa, tanto más garantiza las ventajas del proletariado y de los campesinos en la revolución democrática.
El marxismo no enseña al proletariado a quedarse al margen de la revolución burguesa, a no participar en ella,
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a entregar su dirección a la burguesía, sino que le enseña, por el contrario, que debe participar en ella del modo más enérgico y luchar con la mayor decisión por el democratismo proletario consecuente, por llevar hasta su término la revolución. No podemos saltar del marco democraticoburgués de la revolución rusa, pero podemos ensanchar en proporciones colosales dicho marco, podemos y debemos, en los límites del mismo, luchar por los intereses del proletariado, por la satisfacción de sus necesidades inmediatas y por las condiciones de preparación de sus fuerzas para la victoria completa futura. Hay democracia burguesa y democracia burguesa. El monárquico de los zemstvos partidario de una Cámara alta, que "reclama" el sufragio universal, y secretamente llega a un compromiso con el zarismo para obtener una Constitución mutilada, es un demócrata burgués. El campesino que con las armas en la mano se alza contra los terratenientes y funcionarios, y por "republicanismo ingenuo" propone "echar al zar"*, es también un demócrata burgués. Hay regímenes democraticoburgueses tales como el de Alemania y tales como el de Inglaterra; tales como el de Austria y tales como el de América o el de Suiza. Bueno sería el marxista que en la época de la revolución democrática se dejara escapar esta diferencia entre los grados de democratismo y entre el diferente carácter de tal o cual forma del mismo y se limitara a "discurrir con gran ingenio" a propósito de que, a pesar de todo, esto es una "revolución burguesa", fruto de una "revolución burguesa".
Pues bien, nuestros neoiskristas son precisamente unos sabihondos de este jaez, que se vanaglorian de su miopía. Los neoiskristas se limitan precisamente a razonar sobre el ca-
* Véase Osvobozhdenie, núm. 71, pág. 337, nota 2.
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rácter burgués de la revolución, cuando lo que se precisa es saber establecer una diferencia entre la democracia burguesa republicano-revolucionaria y la monárquico-liberal, sin hablar ya de la diferencia entre el democratismo burgués inconsecuente y el democratismo proletario consecuente. Se contentan -- exactamente como si se hubieran convertido verdaderamente en "hombres enfundados" -- con disquisiciones melancólicas sobre el "proceso de lucha recíproca de las clases antagónicas", cuando de lo que se trata es de dar una dirección democrática a la revolución actual, de subrayar las consignas democráticas de vanguardia para diferenciarlas de las consignas de traición del señor Struve y Cía., de indicar de un modo directo y tajante las tareas inmediatas de la lucha verdaderamente revolucionaria del proletariado y de los campesinos, a diferencia de malas maniobras liberales de los terratenientes y fabricantes. En esto consiste ahora, señores, el fondo de la cuestión, que os habéis dejado escapar: ¡en que nuestra revolución se vea coronada por una verdadera y grandiosa victoria o tan sólo por una transacción mezquina; en que llegue hasta la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos o que "pierda sus fuerzas" en una Constitución liberal a lo Shípov!
A primera vista, puede parecer que al plantear esta cuestión nos apartamos completamente de nuestro tema. Pero esto puede parecer así sólo a primera vista. En realidad, es precisamente en esta cuestión donde reside la raíz de la divergencia de principio que se ha dibujado ya ahora de un modo completo entre la táctica socialdemócrata del III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y la táctica fijada en la Conferencia de los neoiskristas. Estos últimos han dado ya ahora no dos, sino tres pasos atrás,
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resucitando los errores del economismo al resolver las cuestiones incomparablemente más complejas, más importantes y más vitales para el partido obrero, de su táctica en el momento de la revolución. He aquí por qué es necesario detenernos con toda atención en el examen del problema planteado.
En la parte de la resolución de los neoiskristas reproducida por nosotros se indica el peligro de que la socialdemocracia se encuentre con las manos atadas en la lucha contra la política inconsecuente de la burguesía, de que se diluya en la democracia burguesa. La idea de este peligro constituye el "leitmotiv" de toda la literatura específicamente neoiskrista, esta idea es el verdadero eje de toda la posición de principio en la escisión de nuestro Partido (desde que los elementos de baja querella en esta escisión han quedado completamente relegados a último término ante los elementos de viraje hacia el economismo). Reconocemos, asimismo, sin ambages que este peligro existe realmente, que precisamente ahora, en el apogeo de la revolución rusa, este peligro ha tomado un carácter particularmente serio. A todos nosotros, los teóricos, o, por lo que a mi se refiere, preferiría decir los publicistas de la socialdemocracia, incumbe la tarea inaplazable y extraordinariamente responsable de analizar desde qué lado, en realidad, amenaza este peligro. Pues el origen de nuestra divergencia se halla, no en el debate a propósito te si existe o no dicho peligro, sino en el de saber si lo engendra el llamado seguidismo de la "minoría" o el llamado revolucionarismo de la "mayoría".
Para eliminar interpretaciones torcidas y malentendidos, consignemos, ante todo, que el peligro de que hablamos reside no en el aspecto subjetivo de la cuestión, sino en el objetivo, no en la posición formal que la socialdemocracia
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ocupe en la lucha, sino en el desenlace material de toda la lucha revolucionaria presente, La cuestión no consiste en saber si tales o cuales grupos socialdemócratas quieren diluirse en la democracia burguesa, de si se dan cuenta de que se diluyen; de esto ni siquiera se trata. No sospechamos que existe semejante deseo en ninguno de los socialdemócratas; por lo demás, no se trata aquí de deseos, ni mucho menos. La cuestión no consiste tampoco en saber si tales o cuales grupos socialdemócratas conservarán su autonomía formal, su fisonomía propia, su independencia con respecto a la democracia burguesa en todo el transcurso de la revolución. No sólo pueden dichos grupos proclamar dicha "independencia", sino también mantenerla formalmente, y, sin embargo, las cosas pueden pasar de tal modo, que se vean con las manos atadas en la lucha contra la inconsecuencia de la burguesía. El resultado político definitivo de la revolución puede ser que, a pesar de la "independencia" formal, a pesar de que la socialdemocracia conserve plenamente su fisonomía propia como organización, como partido, de hecho no sea independiente, no se halle con fuerzas para imprimir a la marcha de los acontecimientos el sello de su independencia proletaria, se vea tan débil, que, en el conjunto, en fin de cuentas, en el balance definitivo, su "dilución" en la democracia burguesa sea, no obstante, un hecho histórico.
He aquí en lo que consiste el peligro real. Y ahora veamos de qué lado nos amenaza: ¿del de la desviación de la socialdemocracia hacia la derecha, personificada por la nueva Iskra, como creemos nosotros, o del de la desviación de la misma hacia la izquierda, personificada por la "mayoría", por Vperiod, etc., como creen los neoiskristas?
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La solución de este problema, como hemos indicado, se halla determinada por la combinación objetiva de la acción de las distintas fuerzas sociales. El carácter de estas fuerzas se halla teóricamente determinado por el análisis marxista de la realidad rusa, y en el presente es determinado prácticamente por las acciones abiertas de los grupos y de las clases en la marcha de la revolución. Ahora bien, todo el análisis teórico efectuado por los marxistas mucho antes de la época por que estamos atravesando, y todas las observaciones prácticas sobre el desarrollo de los acontecimientos revolucionarios nos muestran que son posibles, desde el punto de vista de las condiciones objetivas, dos cursos y dos desenlaces de la revolución en Rusia. La transformación del régimen económico y político en Rusia en el sentido democrático-burgués es inevitable e ineluctable. No hay fuerza en el mundo capaz de impedir esta transformación. Pero de la combinación de la acción de las fuerzas en presencia, creadoras de esta transformación, pueden resultar dos desenlaces o dos formas de dicha transformación. Una de dos: 1) o las cosas terminarán con la "victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo", o 2) no habrá fuerza suficiente para la victoria decisiva y las cosas terminarán con un arreglo entre el zarismo y los elementos más "inconsecuentes" y "egoístas" de la burguesía. Toda la variedad infinita de detalles y combinaciones, que nadie puede prever, se reducen, en suma, justamente a uno u a otro de estos dos desenlaces.
Analicemos ahora estos desenlaces: primero, desde el punto de vista de su significación social, y, después, desde el punto de vista de la situación de la socialdemocracia (de su "dilución" o de que se vea con las "manos atadas") en uno y en otro caso.
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¿Qué es la "victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo"? Hemos visto ya que, al emplear esta expresión, los neoiskristas no la comprenden ni aun en su sentido político inmediato. Menos todavía se advierte en ellos la comprensión del contenido de dase de este concepto. Pues nosotros, marxistas, no debemos en ningún caso dejarnos seducir por las palabras "revolución" o "gran revolución rusa", como ahora se dejan seducir por ellas muchos demócratas revolucionarios (por el estilo de Gapón). Debemos darnos cuenta de un modo exacto de las fuerzas sociales reales que se enfrentan con el "zarismo" (una fuerza completamente real y comprensible para todos) y que son capaces de obtener la "victoria decisiva" sobre el mismo. Esta fuerza no puede ser la gran burguesía, los terratenientes, los fabricantes, la "sociedad" que sigue a las gentes de Osvobozhdenie. Vemos que ellos ni siquiera desean una victoria decisiva. Sabemos que son incapaces, por su situación de clase, de una lucha decisiva contra el zarismo: para ir a la lucha decisiva, la propiedad privada, el capital, la tierra, son un lastre demasiado pesado. Tienen demasiada necesidad del zarismo, con sus fuerzas policiaco-burocráticas y militares, contra el proletariado y los campesinos, para que puedan aspirar a la destrucción del zarismo. No, la fuerza capaz de obtener la "victoria decisiva sobre el zarismo" no puede ser más que el pueblo, es decir, el proletariado y los campesinos, si se toman las grandes fuerzas fundamentales, distribuyendo la pequeña burguesía rural y urbana (asimismo "pueblo") entre el uno y los otros. "La victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo" es la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos. Nuestros neoiskristas no podrán escapar de esta conclusión
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indicada hace ya tiempo por Vperiod. No hay nadie más que pueda obtener la victoria decisiva sobre el zarismo.
Y esta victoria será, precisamente, una dictadura, es decir, deberá apoyarse inevitablemente en la fuerza de las armas, en las masas armadas, en la insurrección, y no en estas o en las otras instituciones creadas "por la vía legal", "por la vía pacífica". Sólo puede ser una dictadura, porque la implantación de los cambios inmediata y absolutamente necesarios para el proletariado y los campesinos provocará una resistencia desesperada por parte de los terratenientes, de la gran burguesía y del zarismo Sin dictadura, será imposible aplastar esta resistencia, rechazar los intentos contrarrevolucionarios. Pero no será, naturalmente, una dictadura socialista, sino una dictadura democrática. Esta dictadura no podrá tocar (sin pasar por toda una serie de grados intermedios de desarrollo revolucionario) las bases del capitalismo. Podrá, en el mejor de los casos, llevar a una redistribución radical de la propiedad de la tierra a favor de los campesinos, implantar un democratismo consecuente y completo, hasta llegar a la república, desarraigar no sólo de la vida del campo, sino también del régimen de la fábrica, todos los rasgos asiáticos de servidumbre, iniciar un mejoramiento serio en la situación de los obreros y elevar su nivel de vida, y finalmente last but not least *, hacer que la hoguera revolucionaria prenda en Europa. Semejante victoria no convertirá aún, ni mucho menos, nuestra revolución burguesa en socialista; la revolución democrática no se saldrá inmediatamente del marco de las relaciones económico sociales burguesas; pero, no obstante esto, tendrá una importancia gigantesca para el desarrollo futuro de Rusia y del
* El último en orden, más no en importancia.
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mundo entero. Nada elevará a tal altura la energía revolucionaria del proletariado mundial, nada acortará tan considerablemente el camino que conduce a su victoria total, como esta victoria decisiva de la revolución que se ha iniciado ya en Rusia.
Hasta qué punto es probable esta victoria es ya otra cuestión. No somos en modo alguno propensos al optimismo irrazonable a este propósito; no olvidamos, ni mucho menos, las enormes dificultades de esta tarea, pero, al ir a la lucha, debemos desear la victoria y saber indicar el verdadero camino que conduce a ella. Las tendencias capaces de conducir a esta victoria existen indiscutiblemente. Es verdad que nuestra influencia, la de los socialdemócratas, sobre la masa del proletariado, es aún insuficiente en sumo grado; el influjo revolucionario sobre la masa campesina es muy insignificante; la dispersión, la falta de desarrollo, la ignorancia del proletariado y sobre todo de los campesinos, son aún terriblemente grandes. Pero la revolución cohesiona con rapidez e instruye con rapidez. Cada paso en el desarrollo de la misma despierta a la masa y la atrae con una fuerza irresistible precisamente hacia el programa revolucionario, como el único que expresa de un modo consecuente y completo sus verdaderos intereses, sus intereses vitales.
La ley de la mecánica establece que la acción es igual a la reacción. En la historia, la fuerza destructora de la revolución depende también, y no poco, de la fuerza y la duración con que han sido aplastadas las aspiraciones de libertad, y de la profundidad que alcancen las contradicciones entre la "superestructura" antediluviana y las fuerzas vivas de la época actual. Y la situación política internacional, en muchos sentidos, va siendo la más ventajosa para la revolución rusa. La insurrección de los obreros y campe-
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sinos ha empezado ya, se halla dispersa, es espontánea, débil, pero demuestra de un modo indiscutible y absoluto la existencia de fuerzas capaces de ir a la lucha decisiva y que marchan hacia una victoria decisiva.
Si estas fuerzas resultan insuficientes, el zarismo podrá entonces estipular un arreglo, que están preparando ya, de una parte, los señores Bulyguin, y de otra, los señores Struve. Entonces, las cosas terminarán con una Constitución mutilada o incluso, en el peor de los casos, con una parodia de la misma. Esto será también una "revolución burguesa", pero abortada, híbrida, un monstruoso engendro. La socialdemocracia no se hace ilusiones, conoce la naturaleza traicionera de la burguesía, no se desalienta y no abandona su labor tenaz, paciente y firme, para la educación de clase del proletariado, incluso en los días más grises de bienandanza burguesa-constitucional a lo "Shípov". Este desenlace se parecería más o menos al de casi todas las revoluciones democráticas de Europa en el transcurso del siglo XIX, y en tal caso el desarrollo de nuestro Partido seguiría una senda difícil, dura, larga, pero conocida y trillada.
Cabe ahora preguntar: ¿en cuál de estos dos desenlaces posibles la socialdemocracia se vería de hecho con las manos atadas frente a la burguesía inconsecuente y egoísta? ¿Resultará de hecho "diluida" o casi diluida en la democracia burguesa?
Basta con formular te un modo claro esta pregunta para contestarla inmediatamente sin dificultad.
Si la burguesía consigue hacer fracasar la revolución rusa por medio de un compromiso con el zarismo, entonces la socialdemocracia se verá de hecho precisamente con las manos atadas frente a la burguesía inconsecuente, entonces la socialdemocracia se verá "diluida" en la democracia bur-
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guesa en el sentido de que el proletariado no conseguirá imprimir su sello claro a la revolución, no conseguirá ajustar las cuentas al zarismo a la manera proletaria, o, como decía en su tiempo Marx, "a la manera plebeya".
Si se consigue la victoria decisiva de la revolución, entonces ajustaremos las cuentas al zarismo a la manera jacobina, o, si queréis, plebeya. "Todo el terrorismo francés -- escribía Marx en 1848, en la famosa Nueva Gaceta del Rin -- no fue sino un procedimiento plebeyo para ajustar las cuentas a los enemigos de la burguesía: al absolutismo, al feudalismo y al filisteísmo" (Véase Marx, Nachlass, edición de Mehring, t. III, pág. 211)[13]. ¿Han pensado alguna vez en la significación de estas palabras de Marx los que intimidan a los obreros socialdemócratas rusos con el espantajo del "jacobinismo" en la época de la revolución democrática?
Los girondinos de la socialdemocracia rusa actual, los neoiskristas, no se funden con los elementos de Osvobozhdenie, pero de hecho, como consecuencia del carácter de sus consignas, marchan a la cola de los mismos. Y los elementos de Osvobozhdenie, esto es, los representantes de la burguesía liberal, quieren deshacerse de la autocracia suavemente, a la manera reformista, haciendo concesiones, sin ofender a la aristocracia, a la nobleza, a la corte, cautelosamente, sin romper nada, amablemente y cortésmente, de un modo señorial, poniéndose guantes blancos (como los que se puso, sacados de manos de un bachibuzuk, el señor Petrunkévich en la recepción de los "representantes del pueblo" (?) por Nicolás el Sanguinario. Véase Proletari, núm. 5*.)
Los jacobinos de la socialdemocracia moderna -- bolcheviques, partidarios de Vperiod, congresistas o partidarios de
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VIII. (N. de la Red.)
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Proletari no sé ya cómo decirlo -- quieren elevar con sus consignas a la pequeña burguesía revolucionaria y republicana y, sobre todo, a los campesinos hasta el nivel del democratismo consecuente del proletariado, el cual conserva sus rasgos especiales de dase completos. Quieren que el pueblo, es decir, el proletariado y los campesinos, ajuste las cuentas a la monarquía y a la aristocracia "a lo plebeyo", aniquilando implacablemente a los enemigos de la libertad, aplastando por la fuerza su resistencia, no haciendo ninguna concesión a la herencia maldita del feudalismo, del asiatismo, del escarnio para el hombre.
Esto no significa, en modo alguno, que queramos sin falta imitar a los jacobinos de 1793, adoptar sus concepciones, su programa, sus consignas, sus métodos de acción. Nada de esto. Tenemos no un programa viejo, sino nuevo: el programa mínimo del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Tenemos una consigna nueva: la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos. Tendremos también, si vivimos hasta la victoria auténtica de la revolución, nuevos métodos de acción, que corresponderán al carácter y a los fines del Partido de la clase obrera, partido que aspira a la revolución socialista completa. Con nuestra comparación, queremos únicamente aclarar que los representantes de la clase avanzada del siglo XX, del proletariado, esto es, los socialdemócratas, se dividen asimismo en las dos alas (oportunista y revolucionaria) en que se dividían también los representantes de la clase avanzada del siglo XVIII, la burguesía, esto es, girondinos y jacobinos.
Sólo en el caso de victoria completa de la revolución democrática, el proletariado no se encontrará con las manos atadas en la lucha contra la burguesía inconsecuente; sólo en este caso no "se diluirá" en la democracia burguesa, sino
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que imprimirá a toda la revolución su sello proletario, o, para decirlo más exactamente, el sello proletario-campesino.
En una palabra: para no verse con las manos atadas en la lucha contra la democracia burguesa inconsecuente, el proletariado debe ser lo suficientemente consciente y fuerte para elevar hasta la conciencia revolucionaria a los campesinos, para dirigir la acometida de éstos, para realizar así de un modo independiente el democratismo consecuentemente proletario.
He ahí cómo está planteada la cuestión, con tan poca fortuna resuelta por los neoiskristas, sobre el peligro de encontrarse con las manos atadas en la lucha contra la burguesía inconsecuente. La burguesía será siempre inconsecuente. No hay nada más cándido y estéril que los intentos de trazar las condiciones o puntos* bajo cuya ejecución se podría considerar a la democracia burguesa como a un amigo sincero del pueblo. Sólo el proletariado puede ser un luchador consecuente por el democratismo. Pero sólo puede luchar victoriosamente por el democratismo a condición de que las masas campesinas se unan a su lucha revolucionaria. Si al proletariado no le alcanzaran las fuerzas para ello, la burguesía se pondría al frente de la revolución democrática y daría a la misma un carácter inconsecuente e interesado. No hay otro medio de impedirlo más que la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos.
Así, pues, llegamos a la conclusión indudable de que es precisamente la táctica neoiskrista la que, por su significa-
* Como lo ha intentado hacer Starovier en su resolución[
14], anulada por el III Congreso, y como lo intenta la Conferencia en una resolución no menos desacertada.pág. 54
ción objetiva, hace el juego de la democracia burguesa. La predicación de la difusión orgánica, que llega hasta plebiscitos, hasta el principio de acuerdos, a separar del Partido la literatura de partido; el rebajar las tareas de la insurrección armada; el confundir las consignas políticas populares del proletariado revolucionario con las de la burguesía monárquica; el adulterar las condiciones de la "victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo": todo esto, tomado en conjunto, da precisamente como resultado la política del seguidismo en los momentos revolucionarios, que desorienta al proletariado, lo desorganiza y lleva la confusión a su conciencia, rebaja la táctica de la socialdemocracia, en vez de indicar el único camino de la victoria y agrupar en torno a la consigna del proletariado a todos los elementos revolucionarios y republicanos del pueblo.
Para confirmar esta conclusión, a la que hemos llegado a base de un análisis de la resolución, abordaremos esta misma cuestión desde otros aspectos. Veamos, en primer lugar, de qué manera un menchevique cándido y abierto ilustra la táctica neoiskrista en el periódico georgiano Sotsial-Demokrat. En segundo lugar, veamos quién se aprovecha, de hecho, en la actual situación política, de las consignas de la nueva Iskra.
7. LA TACTICA DE LA "ELIMINACION DE LOS
CONSERVADORES DEL GOBIERNO"
El artículo arriba mencionado, publicado en el órgano del "Comité" menchevique de Tiflís (Sotsial-Demokrat, núm. 1) se titula "El Zemski Sobor y nuestra táctica". Su autor
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no ha olvidado aún por completo nuestro programa; lanza la consigna de la república, pero razona sobre la táctica de la siguiente manera:
"Para la consecución de este objetivo (la república) se pueden indicar dos caminos: o no prestar ninguna atención al Zemski Sobor convocado por el gobierno y derrotar al gobierno con las armas en la mano, formar un gobierno revolucionario y convocar la Asamblea Constituyente, o declarar al Zemski Sobor como centro de nuestra acción, presionando con las armas en la mano sobre sus componentes, sobre su actividad, y obligarle por la fuerza a declararse Asamblea Constituyente o a convocar la Asamblea Constituyente por su conducto. Estas dos tácticas se diferencian muy netamente la una de la otra. Veamos, pues, cuál de las dos es más ventajosa para nosotros".
He aquí cómo los neoiskristas rusos exponen las ideas encarnadas ulteriormente en la resolución examinada por nosotros. Observad que esto fue escrito antes de Tsu-sima, cuando el "proyecto" de Bulyguin no había salido aún a la luz. Hasta los liberales perdieron la paciencia y expresaron su desconfianza en las columnas de la prensa legal, en tanto que un socialdemócrata neoiskrista resultaba ser más confiado que los liberales, El declara que el Zemski Sobor "está en vías de ser convocado" y cree en el zar hasta tal punto, que propone hacer de este Zemski Sobor (o puede ser de una "Duma de Estado" o de un "Sobor legislativo y consultivo") inexistente aún, el centro de nuestra acción. Más franco y más rectilíneo que los autores de la resolución adoptada en la Conferencia, nuestro ciudadano de Tiflís no considera como equivalentes las dos "tácticas" (expuestas por él con un candor inimitable), sino que declara que la segunda es más "ventajosa". Escuchad:
"Táctica primera. Como vosotros sabéis, la revolución inminente es una revolución burguesa, es decir, esta dirigida a un cambio del régimen actual en el cual (cambio) está interesado no sólo d proletariado, sino también
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toda la sociedad burguesa. Todas las clases estan en oposición contra el gobierno, incluso los mismos capitalistas. El proletariado que lucha y la burguesía que lucha, van, en un cierto sentido juntos y atacan juntos al absolutismo desde diversos lados. El gobierno está completamente aislado y privado de la simpatía de la sociedad. Por eso, es muy fácil destruirlo. Todo el proletariado de Rusia no es aún consciente ni está organizado como para poder realizar él solo la revolución. Y si pudiera hacerlo, no realizaría una revolución burguesa, sino proletaria (socialista). Por tanto, nos interesa que el gobierno se quede sin aliados, que no pueda desunir a la oposición, que no se atraiga a la burguesía, ni deje aislado al proletariado". . .
¡De manera que va en interés del proletariado que el gobierno zarista no pueda separar a la burguesía del proletariado! ¿No es por error por lo que el órgano georgiano se llama Sotsial-Demokrat en vez de llamarse Osvobozhdenie? ¡Mirad qué inimitable filosofía de la revolución democrática! ¿No vemos nosotros aquí, con nuestros propios ojos, al pobre ciudadano de Tiflís, desorientado totalmente por la interpretación casuística y seguidista del concepto "revolución burguesa"? El examina la cuestión del posible aislamiento del proletariado en la revolución democrática y se olvida. . . , se olvida de una minucia. . . , ¡de los campesinos! Entre los posibles aliados del proletariado, él conoce y encuentra de su agrado a los terratenientes de los zemstvos, pero no conoce a los campesinos. ¡Y esto en el Cáucaso! Pues bien, ¿no llevábamos nosotros razón cuando decíamos que la nueva Iskra con sus razonamientos desciende hasta la burguesía monárquica, en vez de levantar hacia sí, como aliados, a los campesinos revolucionarios?
". . . En caso contrario, la derrota del proletariado y la victoria del gobierno son inevitables. Y precisamente es a esto a lo que tiende la autocracia. Esta, no cabe duda, en su Zemski Sobor atraerá a su lado a los representantes de la nobleza, de los zemstvos, de las ciudades, de las universidades y demás instituciones burguesas. Se esforzará en
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halagarlos con pequeñas concesiones, y de esta manera, conciliarlos con ella. Reforzado de este modo, dirigirá todos sus golpes contra el pueblo obrero, que quedará aislado. Es nuestro deber impedir desenlace tan desdichado. Pero ¿acaso se puede hacer esto por el primer camino? Supongamos que no hemos prestado ninguna atención al Zemski Sobor, sino que hemos empezado a prepararnos, nosotros mismos, para la insurrección y un buen día hemos salido armados a la calle, a la lucha. Y he aquí que en lugar de encontrarnos con un solo enemigo, nos encontramos con dos: el gobierno y el Zemski Sobor. Mientras que noso